LA DESCRIPCIÓN DEL SISTEMA DE CONTROL (EN LO EVIDENTE)
Estructuremos –someramente- la realidad mediante un ejercicio de imaginación: esbocemos en nuestra mente la imagen de dos círculos concéntricos. El círculo interior representa a la Tierra y el cosmos, ambas como manifestaciones de la Realidad Evidente; el segundo y más amplio da forma (todo lo que es la corona circular) a la Realidad Oculta, aquello que está más allá de la creación material. Como último elemento a imaginar, proyectemos que la línea que dibuja al círculo interior, está formada por una especie de cortina que separa imaginariamente a la Tierra y el cosmos, de esa Realidad Oculta.
Esa cortina podría ser identificada como una frontera por donde la Realidad Oculta puede acceder a manifestarse sobre el cosmos y la Tierra, pero sin correspondencia inversa. En otras palabras: la cortina que separa a nuestro mundo físico, de otras realidades, es abierta –según parece- por voluntades no humanas, hasta acceder a nosotros. O al menos, eso es lo que los indicios parecen mostrarnos.
Ahora bien, antes de entrar a especular sobre lo que se nos muestra de la Realidad Oculta (asunto del que me ocuparé en el siguiente post), hagamos un recorrido por la Realidad Evidente, constituida sobre varios pilares, comenzando por la Santísima Trinidad:
Religión, Comercio y Política, un solo dios y a la vez, trino. En fin, tres figuras casi indistinguibles, omnipotentes, creadas con la misma sustancia, pero con personalidades aparentemente -sólo aparentemente- distintas.
RELIGIÓN
Tenemos una visión arcaica sobre nuestro –supuesto- creador. Luego, los vínculos que usamos para relacionarnos con ese creador serán igual de arcaicos. Creemos –y aquí me expreso en términos globales, pues no es mi credo- en un Dios externo al que temer; y escuchamos a sus representantes, varones que actúan como intermediarios entre la divinidad y nosotros. Representantes siempre varones…
La religión nos habla de la importancia de creer en Dios. Por el contrario, la espiritualidad no adulterada (por Nueva Era) nos habla de ejercer como entidades que se hacen responsables de aquello que nace de ellas, indistintamente de lo que la creación fuere.
Se entiende, pues, que creer (al uso) sirve como elemento neutralizador del ser que somos; en tanto que la creencia –en sí misma- generalmente implica una delegación (de Conciencia) por nuestra parte, de soberanía individual hacia un desconocido ente externo (y su representante terrestre).
Creer, profesar la fe hacia un personaje deificado, conlleva obediencia y preguntas respondidas. Obediencia, precisamente, hacia los representantes de esa supuesta divinidad. Esos son los que entregan respuestas firmes e inalterables que anulan los sanos procesos de búsqueda individual. Este formato se aplica no sólo en las religiones tradicionales, sino que ya es parte de la Nueva Religión (Nueva Era) que se abre paso. Es comprensible, pues los nuevos sistemas de creencias no son sino convenientes actualizaciones de los viejos sistemas de creencias, que se adecuan a las circunstancias del perezoso y (espiritualmente) analfabeto humano de comienzos del siglo XXI.
Por el contrario, ejercer desde la Conciencia (la ética que nos pone los pies en la Tierra) supone errar, crecer, dudar, actuar como ente que busca –como prioridad- el restablecimiento del enlace que lo une a su propia realidad espiritual, el ser (lo una o no a una teórica Fuente Original) que se diferencia de los animales.
Creer es una cuestión de subordinación a lo establecido en el más allá, sobre los cimientos de las afirmaciones que ciertos varones han hecho y hacen de esa realidad inmaterial. Varones que no sólo sientan cátedra respecto de lo que hay o no hay tras la cortina, sino que dictan –según los prejuicios que marcaron cada época- cómo ha de vivirse en el mundo físico.
De ese modo, infantilizando ridículamente el vínculo de unidad entre el ser humano y la fuerza creadora (convertida en ajena al hombre), todo queda reducido a un mero asunto de ciega obediencia, propia de individuos dóciles y conformistas. ¿Y la conciencia individual? No está operativa, queda inutilizada, sustituida por la creencia ciega, su íntima –y no reconocida- enemiga.
En tanto que individuos sometidos a un dios externo, precisamos de realizar trueques con esa supuesta divinidad, a la que hemos de convencer para que cumpla con sus hijos. Ante las vicisitudes de la vida, realizamos peticiones de socorro a ese ente supremo. Le solicitamos que resuelva lo que –muchas, muchísimas veces-, no es sino la consecuencia de una vivencia humana creada desde la más absoluta irresponsabilidad e inconsciencia.
Y me pregunto: ¿no será la fe un artificio para que nuestras psiques se enfoquen en el posible mañana, desatendiendo el presente que hemos de transformar? ¿No es evidente que si la fe amordaza a la Conciencia, su naturaleza es involutiva?
La fe dicta que debemos creer en una futura existencia espiritual, confortable e indolora, para quienes hayan cumplido con los dictados de su dios; terrible e infernal para los no creyentes y aquellos que sí lo son, pero han cometido pecados graves. ¿Es esta consideración justa con el hombre, y justa con la percepción que debiéramos tener de un creador? En absoluto.
Por el contrario, el héroe (como arquetipo del humano liberado de esas perniciosas creencias que doblegan su conciencia) no considera necesario creer en nada externo; se ajusta a cumplir –con compromiso serio- con sus responsabilidades, que le vinculan con la comunidad. Y de ello nace el establecimiento de la –siempre condicional- paz interna; que no debe ser confundida con el autoengaño: esa otra paz que no es sino fruto de la indiferencia que va de la mano de la dejación de responsabilidades.
Ese es uno de los rasgos característicos del héroe (y el patito feo lo es), que se enfrenta contra las tempestades que le exigen sumisión. Y a través de ese enfrentamiento, nuestro protagonista recupera la memoria de su naturaleza original, que lo define como indomable, lúcido, brillante, ecuánime. El héroe, la heroína, se niega a creer que es una hoja a merced del viento que más sopla, y ejerce como el timón de su barco y como la propia estrella polar. Aunque la vida le vaya en ello, pues la protección de lo que ama –y no posee- depende de ello.
El propósito esencial de la religión es que el individuo no meta las narices en sí mismo; que no se cuestione las incoherencias que se le cuentan. La religión (y la Nueva Era) ha sido formulada para inducir al hombre a buscar fuera lo que sólo se encuentra dentro. Religiosidad rupestre (relativo a las rocas) que busca lo inerte, lo dependiente y sumiso, en la mente del creyente.
La religión es un estadio más en el que se expresa el humano, sin posibilidad de trastocar el orden establecido. Por el contrario, el ser libre asume su responsabilidad madura y –sin dogmas, rituales, fetiches- reestructura su percepción de la realidad, en base a su naturaleza espiritual redescubierta; la misma que le indica que nada se regala, nada se comprende en tres líneas, nada se resuelve únicamente disculpándonos. Y comprendiendo que la vida es algo más que ir, a la zaga, gestionando el día a día de una existencia hipotecada.
Se convierte así en un bárbaro educado, en un disidente, en un insolente estorbo para el orden establecido (también para el orden alternativo establecido), y para el dios que antes le daba respuestas a la medida de sus divinas necesidades (y las vanidades y deficiencias de sus vicarios terrestres).
Por ello, se entiende el importante rol que juegan las religiones (intrínsecamente grupales, piramidales y coercitivas) en esta dimensión nuestra, donde rige un orden que precisa mantener –a toda costa- a los humanos en la mansedumbre, conformes, sin cuestionar la realidad.
Consecuentemente, las religiones son enemigas de la evolución y libertad humanas.
Realizar esta crítica sobre la estructura religiosa no supone –en absoluto- una falta de respeto a los creyentes. No es esa mi intención. Sí lo es el cuestionar aquellas construcciones humanas que se dicen inducidas o amparadas por un creador sobrehumano, pero que reflejan todas las miserias terrenales. Una vez más, las contradicciones.
Habitualmente, en nuestra cultura occidental, el argumento esgrimido por los ciegos fieles –que sienten que cuestionar a la iglesia de la que forman parte es tan grave como insultar a su madre- es el siguiente: el crítico no es un ser pensante sino un rancio anticlerical dispuesto a quemar templos. Esa respuesta lleva añadida la creencia, de que quien analiza es un ateo incapaz de comprender que -como toda institución humana- la iglesia tiene derecho a cometer errores.
Sin duda, esta es la peor defensa que se puede realizar de una organización, según ellos instaurada –y constantemente guiada- por Dios, puesto que la colocan a la altura de organismos corruptos como la ONU.
No olviden estos efusivos defensores, que el Vaticano y la residencia veraniega papal (Castelgandolfo, levantada sobre la villa del emperador Domiciano) son algunos de los sustanciosos logros obtenidos por Pío XI, quien firmó los Tratados de Letrán (1929) con el fascista Benito Mussolini, a quien el pontífice calificó como ‘un hombre enviado a nosotros por la Providencia’.
La misma Providencia que de la mano del Cardenal Jorge Medina Estévez, evitó que el General Augusto Pinochet –criminal chileno- rindiera cuentas ante la justicia en 1999. Medina Estévez, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, reconoció que –entre rezo y rezo por el militar- hizo eficientes y discretos esfuerzos para lograr su objetivo. Rezos que, a juzgar por los hechos del prefecto, no merecían las miles de víctimas del genocida.
Exactamente la misma Providencia que evitó que el más alto jerarca de la Iglesia Católica en Estados Unidos, Bernard Law, fuese llevado ante un tribunal por el escándalo de abusos sexuales que sacudió a 161 de las 177 archidiócesis del país americano. Law fue llamado por Juan Pablo II, quien lo premió colocándolo al frente de una basílica romana.
¿La gran labor social de los miembros de la Iglesia no cuenta como algo positivo? Desde luego que sí, pero también la Cruz Roja realiza una encomiable labor y no por ello dice hablar en el nombre de Dios, ni se la considera santa.
Indudablemente, la posición marginal a la que nuestra condición espiritual se ha visto relegada durante milenios, respecto de la materia, toma forma en la reducción religiosa. Se redujo a una pequeña parcela física y temporal (libro, misa, ritos, sacerdote, oración-trueque), excluyéndola de su verdadera expansión, que es la vida completa de un ser humano.
En tanto que la religión no suscita preguntas (sino que entrega respuestas definitivas), el material arquetípico permanece dormido y en desuso en la mente no consciente del individuo, a donde van dirigidos los activos de desinformación (espiritualidad adulterada); cuyo contenido se almacena para neutralizar todo intento del ser por fluir al consciente elevado, libre y ético, y manifestarse en lo físico.
En ese secuestro de la espiritualidad por parte de la religión también cuenta la imaginería: la percepción mental-visual de un dios hecho hombre (milagrero prodigioso, con nombre y apellidos, fecha de nacimiento y nacionalidad) marca las distancias adecuadas que evitan toda posible afinidad con el arquetipo.
También, y esto lo digo muy seriamente, el fetiche del crucificado –repartido aquí y allá- sirve de advertencia: Tú, disidente, mira lo que hemos hecho con este. ¿Quieres el mismo final?
Jerarquía e intermediación
Tanto se ha llegado a prostituir el concepto espiritualidad, que es admitido de manera natural que los intermediarios religiosos sean considerados como parte consustancial de la misma; en realidad, son un añadido artificial, un tremendo e involutivo postizo que sustituye la acción de nuestra conciencia. Hemos aceptado que en los asuntos supuestamente espirituales exista una jerarquización estilo imperio, una ristra de funcionarios que pervierte la esencia espiritual.
¿No resulta un tanto sospechoso que los supuestos dioses del hombre siempre hayan defendido la institución de elites? ¿Por qué ese afán tan divino por separar al hombre en rangos, bendiciendo monarquías y castas sacerdotales, así como a unos pueblos sobre otros?
Adoctrinamiento
Fernando Savater (1947), filósofo, resume perfectamente lo que quiero exponer al respecto: ¿Qué consideración institucional merece la Santa Sede? Si se trata de una autoridad eclesiástica, la cabeza de la Iglesia Católica, ¿por qué debe mantener con ella nuestro Estado no confesional un tratado especial y comprometedor?
Si se trata de un Estado extranjero con todas las de la ley, es hora de recordar que en él no se respetan derechos fundamentales en lo tocante a la libertad religiosa, igualdad de sexos para acceder a cargos públicos, etc… En una palabra, es una teocracia al modo de Arabia Saudí y no parece por tanto la influencia más deseable en el plan de estudios de un país democrático. (Sin fe, ni fu ni fa, El País, 1 de marzo de 2007)
Los ritos
Son grupales representaciones encaminadas al sometimiento del creyente. Generalmente se realizan en espacios sagrados (¿trozos de tierra sagrados?) y se les considera imprescindibles para la salvación del alma. Por ejemplo, el cristianismo establece toda una serie de ritos (denominados ‘sacramentos’), según la tradición de la iglesia, instituidos por su fundador, al que considera el Hijo Único de Dios.
Según la doctrina cristiana, los sacramentos son como son (ceremonias visibles y externas) por elección divina. Dichos rituales precisan de un varón que desempeñe el rol de maestro de ceremonias, el cual marca las distancias entre la criatura y el creador. Su vestimenta es un distintivo burocrático, un regalo envenenado para las capas más profundas de la psique del creyente, que lo recibe visualmente y da por buenas las distintas dignidades.
El olor a incienso, los cirios encendidos, el silencio de los participantes, todo forma parte del programa. Y todo ello va a grabarse directamente a la psique del fiel, que entra con facilidad y sin premeditación en un determinado estado emotivo. Todos los elementos sirven para propiciar estados mentales alterados. El respeto a la divinidad se confunde con el temor. Y el sermón es captado como Palabra de Dios.
(Y mientras, la mente del creyente comienza a ‘emitir’ en una frecuencia concreta, dando rienda suelta a sus frustraciones, miedos y ansias…)
Tristemente, la mayoría de los fieles se ha quedado estancada en la adoración, en la devoción pública –no fingida pero sí teatral- inducida por un ambiente intenso, capaz de conmover a cualquiera.
Al fin y al cabo, ese es el propósito del vistoso ritual: potenciar la emotividad del individuo, desequilibrándola, amordazando el sentido crítico, la capacidad intelectual. Pues, sin la aguda visión objetiva, el concepto de espiritualidad queda reducido a un puñado de emociones que justifiquen el consumo de doctrina, la inconsciente defensa de la idolatría, y la sepultura de la Conciencia del ser.
El creyente prefiere al Crucificado antes que al Cristo interior, arquetípico, que dinamita las mentes sumisas; por eso es más cómodo mantener las distancias, denominándolo Hijo Único de Dios.
En la Nueva Era, el Crucificado ha sido adoptado por muchos, desposeyéndolo de su nutriente arquetípico, dejando en él únicamente lo dulce, la golosina de túnica recién planchada, facciones perfectas, lenguaje almibarado; en fin, el hombre dócil. Mutilado, no queda en ese Cristo ningún componente arquetípico que logre movilizar -al sujeto que lo observa- contra la opresión que los psicópatas ejercen en el entorno más cercano. Poniendo la otra mejilla, eternamente...
La Nueva Era ha promulgado la amnistía (tolerancia) general hacia el mal, algo que al Cristo arquetípico que aparece en los relatos, escandalizaría y cabrearía.
Dicho en otras palabras: los creyentes de la Nueva Era decapitan (quitan la Conciencia, intelecto, espíritu crítico, ética) al Cristo arquetípico, quedándose con la versión –pervertida- del milagrero que, además, justifica que los individuos no sujeten sus emociones, invadiendo –en virtud de ‘es lo que siento’- el espacio vital de los demás.
La confusión
En consecuencia, el ser humano confunde la (Nueva Era) religión (lo que siente ante la mezcolanza de teatralidad clerical, arte sacro, cantos corales, incienso, rezos cargados de adulación, confesión y perdón de sus pecadillos) con la espiritualidad. Y eso no le permite avanzar en la consecución de su soberanía, la cual ni siquiera sabe ha cedido a otros. Soberanía que le dice que actúe como una criatura evolucionada, como un Cristo. Sí, aunque suene herético, el Cristo de los textos sólo puede ser comprendido y asimilado como ejemplo para los Cristos. Todo lo que presuponga que no se debe aspirar a ello, toda doctrina que reduzca el Cristo (arquetípico) a pastor de ganados, fundador de una mafia planetaria, milagrero y sanador físico, es arquetipo mutilado, endiosado para impedir el acceso a su sustancia.
Sigamos hablando de manipulación religiosa (la global y la Nueva Era) y, consecuentemente, estaremos aclarando aquello que no lo es (el camino, el sendero, como quiera ser llamado), que no puede ser definido, sino experimentado individualmente. Sigamos hablando de aquello que imita al sendero, pero cuya naturaleza es intrínsecamente opuesta a lo que el sendero espiritual sería.
Cultura religiosa residual
Aquellos individuos que no están ligados a la religión y experimentan una espiritualidad por medios alternativos, habitualmente se estancan en seguir manteniendo la dimensión espiritual como un plácido accesorio que se añade a sus inmutables vidas. Veamos un ejemplo que nos será útil para advertir la diferencia entre una espiritualidad que no se cuestiona la cultura imperante, y otra –de mayor calado- que se convierte en tutora y orientadora del comportamiento:
A) Accesorio: Un niño que juega al fútbol no asimila el perder, o siente demasiada responsabilidad, cuando –aun habiendo dado lo mejor de sí- su equipo es derrotado. La terapia –generalmente- aplicada es enseñarle a reconocer que su esfuerzo no es en vano, aunque el resultado sea una derrota.
B) Espiritualidad real: enseñar al niño que la competición, la rivalidad a la que lo empuja el medio ambiente, es innecesaria. El concepto rivalidad es socialmente aceptado mediante su (artificial) asociación con los términos superación e inconformismo. Dicha asociación es ficticia e interesada, defendida por una cultura global que tiene en la competitividad, la disputa y el enfrentamiento, sus motores. La inmadurez del ser humano ha impedido dejar esos procesos mentales, propios de un cerebro primitivo, en el pasado.
Estos dos paradigmas definen esquemas bien diferenciados. El primero es un sucedáneo de espiritualidad que no ahonda en lo culturalmente establecido y –simplemente-, busca sanar una de las consecuencias de una tara que no se pretende resolver, la competitividad en sí misma.
El segundo escarba a niveles más profundos, hasta hallar las bases de la Conciencia: Si despojamos a la rivalidad de la aureola (otorgada por la aceptación social mayoritaria) que la hace mostrarse como un elemento inocuo (que no hace daño), comenzaremos a observar, no sólo que no tiene nada que ver con la superación personal (que se adquiere sin necesidad de un estímulo competitivo), sino que esa misma competitividad es un factor constante en el paradigma masculino imperante.
Rivalidad que se expresa en casi todos los aspectos del mundo adulto, cuyas justificaciones no dejan de sonar a inmaduros argumentos infantiles.
Dios machista
El concepto que tenemos de la divinidad es el que se nos ha suministrado por sus portavoces, todos ellos varones. Las consecuencias de esa definición no son insignificantes, pues a la vista está (tanto al ahondar en el pasado como en el presente) que el carácter de esa deidad coincide con los cimientos que han dado forma a las viriles estructuras del mundo como tal.
La masculinidad de Dios se percibe a través de una singular personalidad -colérica, abusiva, caprichosa, estricta, represiva, etc-, que ha sido imitada –desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad- por sus delegados terrestres.
(Observemos a cierto Borbón actual, y podremos advertir el molde original –a niveles privados y públicos- del que culturalmente ha partido: el dios machista.)
En principio, podría pensarse que el origen de esa machista cultura religiosa está exclusivamente en quienes redactaron los textos sagrados, y en los representantes de esa supuesta divinidad, la casta sacerdotal. Pero, cuando observamos las manifestaciones sobrenaturales de índole religiosa (que las hay), se contempla la posibilidad de que el origen no sea un mero producto de la ignorancia humana, sino parte de un patrón cuyos diseñadores no son congéneres nuestros.
En la cultura cristiana, cuando algún ente sobrenatural se ha manifestado como la personificación de un venerado icono femenino (Virgen María), este personaje ha reconocido su subordinación a los dictados de la autoridad masculina (Jesucristo). Más aun, ese icono femenino –generalmente- se somete a las autoridades eclesiásticas, masculinas, por supuesto.
En cuanto a los textos considerados sagrados por las tres grandes religiones monoteístas, me nacen algunas preguntas: ¿desconocía esa deidad de la Torah, la Biblia, el Corán, que sus respectivos lectores rivalizarían entre sí, y que derramarían la sangre de los no creyentes? ¿Estamos ante un ente que extrae algún beneficio de esos enfrentamientos?
Si estamos ante un verdadero dios, ¿cuál es la razón por la que no ha elegido a una sola mujer para ser su portavoz oficial en los últimos 4.000 años, desde que Abraham abandonó Mesopotamia?
El Cristo arquetípico -que personifica a la Conciencia- de los textos, manifestó una visión distinta de Dios. Y puede que ello pesara sustancialmente en su violento final, dado que el recorrido de su vida (física o arquetípica) aparece trufado de constantes reproches hacia la estrecha y machista cultura religiosa de la época.
Frente a la rigidez del judaísmo del tiempo que le toca vivir, Cristo nos habla de otro Dios, de su Padre, que nada tiene que ver con el que prometía tierras y abundante descendencia a los patriarcas. Un Padre Dios que, en sus rasgos, es descrito con atributos propios de una Madre Diosa, cuando se pone en boca de Jesús lo que anteriormente ya había dicho el profeta: ‘Misericordia quiero, y no sacrificios, y conocimiento de Dios más que holocaustos’ (Oseas 6,6 y Mateo 12,7). Esa elasticidad, así como su intercesión por una mujer que iba a ser lapidada (Juan 8,7), es la que convierte a Cristo en objetivo a destruir por parte de la casta sacerdotal.
Los evangelios apócrifos, aquellos que no están integrados en la Biblia, contienen notables alusiones a la divinidad femenina. Te recomiendo, lector, que le eches un vistazo a Evangelio de Felipe y Evangelio de Tomás, ambos pertenecientes a la Biblioteca de Nag Hammadi (1).
A este respecto, mencionar que en las lenguas semíticas el vocablo ‘espíritu’ es femenino. Y que cuando los textos cristianos fueron traducidos a griego, la gramática masculinizó el término en cuestión, dejando en el camino todo lo que otorgaba validez real al contenido del vocablo. A partir de ahí, la trinidad Padre-Madre (Espíritu Santa)-Hijos, que daba coherente forma a la unidad arquetípica que equilibra a los seres en su unidad con la (hipotética) Fuente Creadora, se perdió. En el siglo IV, durante el I Concilio de Toledo, los jerarcas cristianos estipulan que el varonil Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo…
De ahí a la degradación de la mujer sólo hay un paso. Si en la estructura religiosa -que se supone debe describir los lazos de unidad con el ente creador- la mujer ocupa un lugar secundario, se comprenderá que en el resto de espacios que dan forma al Sistema de Control su presencia sea pasiva, sumisa, vacía de carácter equilibrante hacia el aspecto masculino. Luego, la mujer debe ser tutelada y debe acoplarse a los designios del varón de turno, tanto dentro como fuera de la familia.
Por mucho que a las propias mujeres les pudiera parecer satisfactorio el lugar que la literatura sagrada y la tradición les han otorgado, es evidente que la feminidad se definió y estimó en los términos más convenientes y rentables para la masculinidad rampante, cuyos procesos mentales están fuertemente sujetos al cerebro más primitivo.
La fe, esa confianza ciega
Para finalizar este breve recorrido por el cúmulo de creencias, doctrinas, rituales, que disuaden al ser humano de la búsqueda de la evolución, añadir que la misma fe que los fieles religiosos depositan en lo etéreo, es igualmente proporcionada por la sociedad civil a sus autoridades. Y digo autoridades, más allá de la acepción política del vocablo: iconos y especialistas en la ciencia, el comercio, la cultura, etc.
Porque la fe, la creencia en algo –sin necesidad de que esa convicción se vea confirmada por los hechos- es el pan nuestro de cada día.
Y porque la fe va acompañada de delegación de responsabilidades. En otras palabras: los creyentes no se circunscriben al ámbito religioso. Esos creyentes civiles, laicos, como se les quiera llamar, son capaces de hacer una pirueta que supera con creces la creencia religiosa: son incapaces de ejercitar su espíritu crítico ni aun con las evidencias sobre la mesa, que ponen en duda la veracidad de sus convencimientos.
Todo ello certifica -una vez más- las contradicciones humanas y el consecuente analfabetismo espiritual en que estamos inmersos -en todos los aspectos de la vida-, aunque no se hable de él y -por tanto- no sea visible.
Porque la fe, la confianza desmesurada, es uno más de los factores que integran ese analfabetismo que nos ha hecho maleables en lo emocional e incompetentes en lo intelectual.
Se podría decir que la humanidad cabalga –inconscientemente- a lomos del mito, un cúmulo de creencias que se hace sólido en las psiques y da forma –por convenio tácito- al paradigma terrestre.
Como tal, el mito posee una indiscutible supremacía sobre todos los escenarios humanos. Su soberanía e inmunidad le han sido confirmadas por el ejercicio del libre albedrío de los terrestres, quienes –gracias a sus carencias intelectuales y espirituales- persisten en elegir el miedo, la dependencia, la pereza, el conformismo, frente a los atributos que su propia conciencia les ofrece.
Tal vez sea cierto eso de que no podemos aceptar –crudamente- la verdad: que somos rehenes de un Sistema hostil al que -no obstante- defendemos cada vez que justificamos nuestras incoherencias.
COMERCIO Y POLÍTICA
Este mundo nuestro parece -y es- una interminable mercadería, donde quienes manejan las finanzas se parapetan en la política.
Aquí, no nos engañemos, prima lo comercial. Ni siquiera la medicina escapa de ello: El premio Nobel de Medicina de 1993, Richard J. Roberts, dice textualmente:
La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital. Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos, y millones de seres humanos. Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos. He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad… Porque las farmacéuticas a menudo, no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle el dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento. Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación, no para curar sino para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores, mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo. (Lluis Amiguet, La Vanguardia, 31/7/07)
Únicamente los ingenuos negarían que un hombre no vale por lo que es, sino por lo que posee, sea poder, fortuna, fama o apellido. Sólo los cándidos se atreverían a afirmar que el progreso material está diseñado para que sea un valor de todos. El formato de un planeta dividido entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo o subdesarrollo, no conduce a un paradigma con posibilidades reales de equilibrarse. No.
El esquema de división no es fortuito, como podría parecer, sino consecuente y compensatorio; existen países en donde el consumismo alcanza un grado tal que las necesidades son artificiales -prediseñadas para captar futuros nuevos consumidores-, como consecuencia de que existen países esquilmados.
A la cumbre de ese desequilibrio se le llamó ‘Globalización’. Veinte años después de que ese período histórico diera comienzo, se ha demostrado que la naturaleza del proceso es netamente económica y no procuraba –en absoluto- las mejoras sociales de los más desfavorecidos.
Globalización es una muestra clara de cómo la retórica política es pomposa y engañosa (como en la Religión) hasta rozar la perversión. Durante los años siguientes al pistoletazo de salida de la globalización, esa retórica no ha hecho sino perfeccionarse estéticamente…
Se entendía que con la caída del Muro de Berlín (noviembre de 1989) y con la desaparición de la Unión Soviética (diciembre de 1991), el capitalismo salvaje no tendría oposición alguna; y la que hubiere debía ser focalizada y demonizada. Así, el enemigo de unos pocos se convirtió (se globalizó) en el enemigo de casi todos. Y la oratoria política (llena de vomitivos eufemismos) -auspiciada por los intereses económicos- diseñó invasiones que la diplomacia debía bendecir (generalmente con pretextos irrisorios), a fin de no despertar y escandalizar a las masas, las cuales se mueven irracionalmente.
Hubo (y sigue habiéndolos) atentados de falsa bandera, esos que se atribuyen a un enemigo que no es tal, y que han sido organizados en casa o (geoestratégicamente) cerca de ella. Y quienes advirtieron el fraude despertaron de su ponzoñoso sueño…
No. Las depredadoras estructuras políticas y financieras no aportarán lo que sus labios prometen. Son enfermizos amantes en un círculo vicioso de conspiración y hurto, inmoralidad y engañosa fachada.
En algún otro texto he descrito a la política como la emuladora hija de la religión, de quien bebe en su refinada escenificación pública; donde la sugestiva estética ejerce su efecto sobre la psique del potencial votante, manipulando sus emociones. Una burda parodia -pero imperceptible para el ojo poco observador- rentable para quienes se aprovechan de la incultura y la apatía de gran parte de la sociedad.
Es innegable que –abrumadoramente- los líderes políticos de todo el mundo se pliegan a los dictados que parten de los despachos de las corporaciones transnacionales. Si a eso le sumamos el egocentrismo y mesianismo de unos, el peso de la tradición nacional, las viejas rencillas históricas, y la notable ausencia de ética que planea sobre casi todos, tenemos como resultado una camarilla muy poco recomendable, muy poco de fiar.
No pocos de esos individuos que hacen política (y grandes negocios) son verdaderos psicópatas.
Amigo lector, tal vez te sorprenda saber que no hay un tratado sobre el comercio de armas. Es grave, pero más lo es que ese mercado no se haya suprimido ya. Eso sí, las bocas de los dirigentes mundiales se llenan de elocuentes expresiones de paz, respeto, justicia, etc.
Habitamos un mundo donde el dinero negro, producto de la sangre de otros, es guardado en una docena de paraísos fiscales. Según el Fondo Monetario Internacional, allí se esconde una cuarta parte de la riqueza privada mundial. Se trata de la trampa de la ley, amparada por los gobiernos occidentales, que guardan silencio. Como el silencio que eligen nuestros gobernantes ante los desmanes y crímenes que comete un potencial inversor, o quien posee los recursos que necesitamos.
Poco hemos evolucionado si creemos que es admisible y digno de admiración, que el planeta esté en manos de una pequeña oligarquía que acumula las riquezas suficientes como para acabar con la deuda de los países pobres.
En definitiva, frente al impecable discurso que las autoridades ofrecen a las masas convive la certeza probada que da forma a la Realidad Evidente: no todos somos iguales ante la ley; no somos la prioridad de los representantes públicos; no se nos cuenta lo que subyace en los eventos históricos. Ni siquiera somos –a juicio de las castas sacerdotales- iguales ante el creador.
Todas esas realidades que describo son tan ciertas como que los medios de comunicación –mayoritariamente- son sirvientes de los capataces del Sistema, quienes directamente se benefician del actual estado de las cosas.
Los medios –a excepción de alguno marginal- son meros repetidores que difunden la información que conviene al poder. Se trata de otro ámbito de expresión de la fe: el informador trajeado sustituye al sacerdote y transmite –tan brevemente como le sea posible- lo que quiere que sepamos de lo que ocurre ahí afuera; eso sí, todo trufado con fútbol para ellos y moda para ellas. No es sino el reflejo de unas sociedades mayormente satisfechas, y desinteresadas por comprender cómo se teje la realidad.
El efecto que la información produce en nuestras psiques, y sobre cómo se conduce a través de los procesos mentales, merece un breve análisis. Más que nada, porque nos servirá para comprender mejor los lazos que unen a nuestras emociones individuales, con la Realidad Oculta que describiré más adelante.
El mecanismo mediante el cual las imágenes de la Realidad Evidente influyen sobre nuestra psique y se asientan en ella, abarca a toda la generalidad del Sistema. Su propósito no es otro que ofuscar la mente, distraerla, atarla al denso y robotizado paradigma imperante. Y su engranaje es el siguiente:
Tomaremos como ejemplo el temor –por tratarse de una de las emociones que más usa el Sistema para lograr la sumisión de las masas-, si bien el ejemplo es válido para cualquier otro sentimiento propio de la manipulación de las gentes.
La carga emocional es digerida por los receptores poco curtidos ante las maniobras de intoxicación sutil, cuyo propósito consiste en hacer descender al individuo receptor a densos niveles, donde la actividad mental es la propia del autómata. De ese modo se da consistencia a la realidad aparente del Sistema, que por ser pura abstracción, mera simulación, requiere –para seguir siendo creíble- del consenso de la mayor porción posible de los esclavos.
Esa carga emocional que va oculta dentro de una imagen, mensaje informativo, película, lectura, etc, porta semilla (de temor) que se incrusta en el subconsciente del receptor, amplificando su potencia y expandiéndose en todas las reflexiones y decisiones del individuo infectado. El objetivo es paralizar al atemorizado receptor (interrumpiendo el lazo intuitivo con su conciencia, a su vez, enlace con la indómita tendencia a la evolución), forzándolo a reaccionar irreflexivamente y sometido a los básicos instintos de supervivencia.
Hasta aquí la descripción de algunos de los factores más influyentes de la Realidad Evidente. Esos elementos globales son las fuerzas motrices que afectan –en mayor o menor medida- a la cotidianidad de todos nosotros, si bien no siempre son perceptibles como tales.
(1) Conjunto de papiros manuscritos en lengua copta -egipcio de los primeros siglos de cristiandad- hallados junto al río Nilo, Egipto, en 1945, pertenecientes a una agrupación cristiana del génesis de la iglesia, perseguida por la jerarquía. La mejor recopilación de textos de Nag Hammadi en la red, se encuentra en las traducciones realizadas por The Ecumenical Coptic Proyect -Athens-. http://www.metalorg.org/
12 comentarios:
Muy bueno Tavo, como siempre.
Excelente, pero probablemente no lo leerá quien más lo necesita... as usual
Tres menores «torturaron por macabra diversión» a tres perros hasta ahogarlos Solo «Pirata» logra sobrevivir a tres días de agresiones
http://www.abc.es/20120418/local-la-rioja/abci-perros-maltrato-pirata-201204181134.html
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Un joven autista, torturado por sus propios profesores en EEUUAndré McCollins tenía 18 años cuando le dieron descargas eléctricas por no querer quitarse el abrigo, que le dejaron en coma tres días
http://www.publico.es/internacional/429942/un-joven-autista-torturado-por-sus-propios-profesores-en-eeuu
Clara Campoamor. La mujer olvidada.
En el año 1931, en España se proclama la Segunda República. En este contexto, las mujeres son elegibles pero no pueden votar. Clara Campoamor y Victoria Kent son las primeras mujeres diputadas que pisan las cortes y se plantean muy firmemente luchar por los derechos
PELÍCULA ONLINE:
http://www.rtve.es/alacarta/videos/clara-campoamor-la-mujer-olvidada/clara-campoamor-mujer-olvidada/1041185/
Homenaje a Clara Campoamor
http://www.revistafusion.com/2007/marzo/entrev162-2.htm
María Moliner la mujer detrás del diccionario La autora del Diccionario de Uso del Español, nacida en una familia rural, no obtuvo reconocimiento en vida a pesar de una carrera brillante. Una biografía la recupera del olvido.
http://www.larazon.es/noticia/4118-maria-moliner-la-mujer-detras-del-diccionario
Las ONGs denuncian que hay 400 millones de niños esclavos
http://www.publico.es/internacional/429655/las-ongs-denuncian-que-hay-400-millones-de-ninos-esclavos
Simiocracia (de Aleix Saló)
http://www.youtube.com/watch?v=TfRSfF296js
¿Qué hizo Finlandia para reformar su sistema educativo y convertirlo en el mejor del mundo?
http://weslu.com/blog/sistema-educativo-finlandia/
Sobre psicópatas, os recomiendo la lectura de Jon Ronson, detector de psicópatas:
"Cierto capitalismo recompensa al psicópata"
http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120326/54276959482/jon-ronson-cierto-capitalismo-recompensa-psicopata.html
Preocuparse “demasiado” es señal de inteligencia
http://www.elestandard.com/2012/04/23/preocuparse-demasiado-es-senal-de-inteligencia/
La lectura modifica la manera de funcionar del cerebro
http://es.sott.net/articles/show/13242-La-lectura-modifica-la-manera-de-funcionar-del-cerebro
"Descripción del sistema de control por las evidencias". Esa es también mi tesis. Cuando leí la 1ª parte de Analfabetismo espiritual y la evolución del patito feo no sabia que el autor es el autor del blog, por eso dije "la !ª parte ok pero espero que no se líe". Pues bien he leído tambien la 2ª y voy a seguir leyendo. Felicio al autor por su trabajo importantísimo en nuestros días y me alegro que sea compatriota. Todos en España no están fascinados por el sistema!
Gracias, ByeTavistock.
"Ninguna institución está legitimada para juzgar la Doctrina Católica"La Diócesis de Alcalá afirma en un comunicado que la moción aprobada por el Ayuntamiento viola los Derechos Humanos y el principio de separación Iglesia-Estado.
http://www.publico.es/espana/433301/ninguna-institucion-esta-legitimada-para-juzgar-la-doctrina-catolica
Si quieres escuchar en MP3 los 5 artículos de 'Analfabetismo...', y descargártelos, por gentileza de Audioespai están aquí:
http://www.ivoox.com/audioespai-analfabetismo_sb.html?sb=audioespai+analfabetismo
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