lunes, 5 de marzo de 2012

INTERPRETANDO 'SEÑALES' (y 3)


Interpretando Señales (1)
Interpretando Señales (2)

Puesto que en el siguiente análisis (que completa las dos entradas anteriores) de la película 'Señales' se barajan conceptos que ya han sido ampliamente expuestos en otros posts, para una mejor comprensión de éste, invito al lector a que se acerque a ellos a través de los siguientes enlaces:

* Explicación sobre los 20% y los 80%

LA INVASIÓN

En el momento en que Graham ve con sus propios ojos a uno de los alienígenas comienza el sendero de la lenta claudicación, y parece obligado a adentrarse en el terreno de lo evidente. Es entonces cuando –tímidamente- cede a afrontar la realidad (la pérdida de su mujer y el mundo está siendo invadido), pero lo hará como un simple hombre, un hombre lleno de cólera, no como un ente (alma, 20 %) unido a su Conciencia (80 %), y menos aun como un enlace -para otros- entre el cosmos espiritual y la humanidad.
Aquí, el drama no viene encarnado por pájaros asesinos, ni dinosaurios descontrolados; Graham ha perdido –de manera traumática- su vínculo con un universo espiritual (80 %) que imaginó menos doloroso. Por consiguiente, el terror ha de provenir de ese mismo cielo (reflejo del oscuro vacío en que ha quedado su alma), cuyas criaturas son perversas y despiadadas mensajeras de un creador cruel.
Gibson interpreta al héroe (20 %) que debe volver a religarse a su propio cielo (80 %), a fundirse con el resto de su ser, pero de un modo más maduro. Sabe que debe regresar a su identidad, a su fuente original, si quiere que los invasores del espacio retornen al cosmos y no entren pronto a su casa, a por su familia.
Y debe hacerlo derrocando de su mente al caos en que vive su alma. Debe anular de su mente el concepto ‘casualidad’ (recordemos la charla que mantiene al respecto con su hermano), para devolverle la autoridad a la causalidad, al sentido cósmico y ordenado de la Vida. El Padre Hess debe volver a percibir (intelectualmente) la existencia de un tejido vital, metalógico (Conciencia, 80 %), que da calmante explicación a todos los eventos de la existencia, desde el doloroso nacer al inevitable partir. Sólo así volverá a tener confianza en (su conciencia) sí mismo.
Ahora, ante la inminencia de la invasión, se verá obligado a reconciliarse con lo único que puede darle fuerzas para reaccionar con completa efectividad: su Conciencia (80 %). Incluso si no pudiera evitar la muerte a manos extraterrestres, Graham necesita estar en paz con su origen espiritual. De ese modo, envolviéndose en el aura del ser (fusión alma-Conciencia; 20 % + 80 % = 100 %), podrá ‘entrar’ (en su acepción figurada) en sinagoga, templo o iglesia, protegiendo su hogar con el manto de su dios.
La presión que precede al ataque alienígena es motivo de gran alarma entre los suyos; si el cabeza de familia tiene cercenada su conciencia, independizándose de la fuente creadora, nada podrá proporcionarles una mínima seguridad.
Graham se resiste a aceptar que la reconexión espiritual sea el camino a seguir, y deja –con frialdad e indiferencia- a sus hijos y hermano solos frente a la televisión. Él no tiene confianza ni seguridad, así que no puede proporcionárselas a los demás. Los suyos están desprotegidos.
Bo, Morgan y Merrill se han protegido sus cabezas con papel de aluminio. Graham no sabe interpretar la simbólica actitud de los suyos. El niño lo explica así: Es para que los alienígenas no nos lean la mente. Lógico: Graham no les está protegiendo con su conciencia.
Decidido a no ceder en el pulso que mantiene consigo mismo, el Padre Hess busca eludir el enfrentamiento con sus fantasmas interiores, y se enfoca en dar una respuesta física, literal, a esos fantasmas: Con puertas y ventanas tapiadas, aparece obstinado, enfurecido, inconmovible, como si de un búnker se tratara, resignado a la idea de que morirán. Él no acudirá a la morada de su conciencia, y pregunta a los suyos qué quieren para la ‘última cena’… Decidido a romper con el sentido espiritual que le confería a una cena en semejantes circunstancias, Graham elige comer una vulgar hamburguesa con doble de queso. Cuando están listos para cenar vemos un bote de comida que dice en su etiqueta: Believe (Cree); un mensaje que el cabeza de familia no está dispuesto a recibir.
Y da comienzo la particular ‘última cena’ del Padre Hess, preámbulo de la ‘pasión’ a la que se verá arrastrado por la tiranía (según su distorsión mental) de su creador, su propia Conciencia…
-¿Qué os pasa a todos? Comed –Graham amonesta a los suyos.
-Quizá deberíamos rezar –responde Morgan.
-No.
-¿Por qué no? –insiste el niño.
-No vamos a rezar –replica su padre. Es la afrenta definitiva en este duelo interior-. ¡Comed!
-¡Te odio! –explota Morgan. El pequeño se ha limitado a expresar lo que Graham siente hacia su Conciencia (80 %), representada en el Dios Padre al cual el ex reverendo servía hasta que le arrebató a su esposa.
-Bien –Graham reacciona con indiferencia a los sentimientos de su hijo.
-Dejaste morir a mamá –añade el niño. Por fin sale a relucir el reproche del Padre Hess hacia su creador. Eso (‘Dejaste morir a mi mujer’) es exactamente lo que ha motivado la separación entre el alma (20 %) y la Conciencia (80 %) de Graham, y la consecuente invasión alien.
El niño (en tanto que alma -20 %- dependiente de Graham) ha hecho suyo el conflicto que su padre vive hacia su propia Conciencia (Padre, intelecto, masculino, 80 %).
Algo semejante ya lo vimos en el análisis de la película El Árbol de la Vida’.
Este conflicto entre el alma (20 %, femenina, receptiva, emocional, encarnada) y su correspondiente y complementaria Conciencia (80 %, masculina, emisora, intelectual, inmaterial) es común denominador en todas las películas icónicas que he venido analizando hasta ahora. Un repaso AQUÍ.
-No pienso malgastar ni un minuto más de mi vida rezando. Ni uno más ¿Entendido? Vamos a disfrutar esta comida. Nadie puede impedírnoslo. ¡Disfrutadla!
Graham trata de demostrar que él tiene el control sobre algo, sobre un instante de su vida, la cena. De igual modo que Dios lo tiene para otorgar la muerte, él ha decidido no ofrendar los alimentos a ser supremo alguno, declarándose independiente de cualquier ascendencia espiritual.
Los niños rompen a llorar mientras su padre, con sentimientos enfrentados, come y llora, hasta que acaba por derrumbarse. Conmovedora escena, todo sea dicho.
Morgan se levanta y -en silencio- abraza a su padre. El niño –que se había erigido en punzante Conciencia- revienta la ira y la frustración de su progenitor, y lo libera. Se produce el primer abrazo de toda la película, al que se suma la pequeña Bo.
Tío Merrill, icono de la conciencia (80 %) no ejercitada de su hermano, no interviene directamente en el conflicto de la cena, sino que es un mero espectador. Graham lo agarra del brazo y lo suma al abrazo, con toda la implicación simbólica que ello conlleva.
El personaje de Gibson comienza a recuperarse, por lo que ya está listo para entrar en una nueva fase del difícil camino de retorno a su origen, la reconexión entre alma y Conciencia: Simultáneamente al abrazo, el interfono de Bo da señales de vida: la presencia cercana de los alienígenas es un hecho.
La televisión -que conectaba la psique del protagonista con el mundo exterior- ha perdido toda señal, lo que nos indica que la lucha es ya totalmente interior, en casa, en el alma (20 %) sufriente de Graham. Y los grillos dejan de cantar en la noche.

REDENCIÓN

Cada uno de los personajes tiene un arma que se oculta en medio de las circunstancias aparentemente más triviales: Morgan padece asma y debe medicarse; Bo está convencida de que el agua de beber está contaminada, razón por la que va dejando vasos a medio beber por toda la casa; Tío Merrill es un fracasado que no es capaz de controlar su fuerza cuando tiene un bate de béisbol en sus manos; ¿y Graham?
En realidad, Graham no tiene arma alguna. Es el héroe que ha de superar la prueba. La confianza que ha perdido sostenía a toda su familia, así que debe recuperarla, pues esa era su arma. En momentos de crisis emocional -como es el caso- nuestras fuerzas mentales pueden flaquear, nuestra confianza decae, y sobrevienen los temores y la rabia.
El Padre Hess tiene a sus enemigos a las puertas mismas de su psique. Ha escuchado, a través de la voz de Morgan, lo que rondaba en su propia mente durante seis meses: estamos indefensos. Y ahora tendrá que buscar fuerzas en lo más profundo de su ser, al menos, para tratar de confortar a sus hijos ante la tragedia inminente…
Graham cuenta a Bo lo que la hará sentir mejor, lo que la une a su origen espiritual, la mamá, a la Grande Espíritu: el momento de su nacimiento.
¿Qué otro instante de mayor complicidad y unidad entre una criatura y su creadora? Sabe que, aunque sea lo último que haga, debe conducir a los niños hacia el vientre materno. Así que (ejerciendo hacia ellos su responsabilidad de ser su eventual Conciencia, el 80 % intelectual) a ambos los lleva a su origen, al momento en que partieron del cosmos espiritual para vivir en un cuerpo: el alumbramiento.
Por primera vez, sonríe y toma en brazos a su hija. También por vez primera escuchamos a Morgan llamar papá a Graham.
Los Hess huyen a esconderse en el sótano, que representa el núcleo psíquico del protagonista, donde residen las emociones que debe enfrentar.
El sótano de la casa nos habla de una mayor introspección, del meollo del asunto, de la raíz del problema, allá donde están los temores más ocultos y profundos. Van a entrar los invasores y Graham agarra con fuerza el pomo de la puerta. Tenemos un primer plano de su rostro. No estoy preparado, dice.
Accidentalmente, Merrill rompe una bombilla y todo queda a oscuras, con sólo una linterna. Lo ocurrido es comprensible: la bombilla es la imagen de la conciencia, a la que Merrill ha representado temporal. La rotura de la bombilla es la cesión -en el momento perfecto- de dicha responsabilidad a su hermano, a quien realmente pertenece, como padre de Morgan y Bo. Graham comienza a actuar con resolución y lucidez. Su determinación evita que los invasores entren, pero Morgan sufre un grave ataque de asma.
Tenemos al niño en manos de su padre. Ha llegado la hora de que el protagonista deje aflorar sus sentimientos y se exija a sí mismo ejercer como protector de las almas que de él dependen:
-No tengas miedo, Morgan, lo detendremos juntos -esto es lo que el espíritu (80 %) le dice al personaje de Gibson (alma, 20 %)-. Siente mi pecho. ¿Notas como sube y baja? Respira como yo. Sigue conmigo -petición que la conciencia le hace tras la pérdida de su esposa-. Sé que duele, sé fuerte. Se te pasará… -tras un silencio se dirige, por primera vez, a Dios (su conciencia)-. No me vuelvas a hacer esto. Otra vez no. Te odio, ¡te odio!
Finalmente, el padre ha expresado lo que su hijo había hecho suyo en su corazón. Por eso le dice a Morgan que sienta su pecho, mientras coloca una mano sobre el corazón del niño. Al tiempo que Graham ejerce como Conciencia (emisora, intelectual, masculina), y se escucha su voz –dirigiéndose a Morgan-, la imagen que Shyamalan nos muestra es la de Tío Merrill, quien durante casi todo el film había ejercido como la Conciencia protectora (80 %) de los niños (20 %). Merrill va repitiendo las mismas palabras que su hermano Graham. Se trata de un recurso estético que une la voz de un personaje al rostro de otro, de tal forma que hagamos una asociación inconsciente de dos imágenes (continentes, Graham y Merrill) y un solo contenido arquetípico (en este caso, la Conciencia a la que ambos representan).
De este modo, volviendo a ejercer como protector (80 %) de una criatura (20 %) suya, Graham se vuelve a enlazar con su creador (80 %) y recupera su condición original (100 %). La crisis de asma pasa cuando el trauma emocional ha sido afrontado.
Graham sigue hablando a su hijo: El miedo lo alimenta. No tengas miedo de lo que pasa. Cree que se te pasará, créelo y espera. No tengas miedo, el aire está llegando. Cree. No hay nada que temer, está a punto de pasar. Aquí llega, no tengas miedo. Aquí llega el aire. No tengas miedo, Morgan. Respira conmigo, juntos. Somos uno. Somos uno.

EL DESENLACE

A través de un aparato de radio, Merrill escucha que los extraterrestres segregan un gas venenoso. También descubre que estos se están marchando, pues los humanos han descubierto un modo de vencerlos. Definitivamente, Merrill es la voz de la Conciencia (80 %, emisor, masculino), que se edifica a través del arte de saber escuchar (de ahí que las almas sean receptoras, femeninas).
Los grandes manipuladores (da igual la escala de su manipulación) saben que las almas (20 %) son arquetípicamente femeninas y, por ende, receptoras. El ejercicio del intelecto es una acción emisora –de naturaleza masculina-, tanto si se trata de un objetivo de manipulación, como si se lleva a cabo desde una conciencia (80 %) con vocación evolutiva. La siguiente captura pertenece al documental de National Geographic 'El Ascenso de Hitler':
Ahora que el conflicto emocional del Padre Hess ha sido resuelto en su mente (Conciencia emisora en acción), sólo queda que esa reparación tome forma física (materialización de los previos procesos intelectuales-emocionales) en la victoria sobre los invasores.
Decididos a buscar medicinas para Morgan, abandonan el sótano y se dirigen al salón, donde se esconde uno de los alienígenas, que cogerá al niño y tratará de envenenarlo con el gas letal que fluye de sus manos. Por fin, Graham frente a su enemigo, precisamente el mismo alien que vio en casa de Ray Reddy, el responsable del accidente que acabó con la vida de Colleen. Lógico, pues Reddy es el 'invasor' en la psique de Graham...
Estamos en el epicentro de la trama, y Shyamalan coloca ahí el flashback más oportuno, la ocasión en que Colleen, agonizante, pronuncia las palabras claves que debían preservarse para semejante momento: Estaba escrito. Dile a Graham que vea. Dile ‘ve’, y dile a Merrill que batee fuerte.
(Por cierto, la escena que nos muestra el accidente que le cuesta la vida a Colleen se rodó la noche del 11 de septiembre de 2001.)
El Padre Hess se ha renovado. Nada sobra. Nada falta. Lo importante es saber atenuar el dolor implícito en las experiencias duras.
Y Graham ‘ve’ –intelectualmente, Conciencia 80 %- que el asma de su hijo es una defensa ante el mortífero gas de su captor.
Y Graham ‘ve’ –intelectualmente, Conciencia 80 %- que el agua que su hija ha repartido por toda la casa es un arma letal contra el enemigo. Y, finalmente, ‘ve’ la razón por la que su hermano Merrill, el fracasado deportista, ha estado viviendo con la familia durante todos aquellos meses: debe coger el bate y golpear con sus sobrehumanas fuerzas.
Merrill (nombre que significa mar centelleante) es la contundente (y emisora) conciencia, que golpea fuerte para que el agua (de Bo), las emociones del alma, sean defendidas bajo el amparo del intelecto (80 %), y pueda, así, el alma, superar intelectualmente el dolor y la incomprensión que lo provoca…
Tío Merrill batea y derrama agua –el agua de Bo- sobre el invasor, que muere abrasado. Todo ha terminado. Graham llora, y sus lágrimas también son vivificadoras…
Pasa el tiempo, y llega una nueva estación. A través de las ventanas del dormitorio de Graham observamos que las nieves del invierno (la madurez) lo cubren todo. Emociones bajo el control del intelecto = Equilibrio.
El Padre Hess se está preparando para ir a la iglesia; ha retomado su ministerio. Tras un largo período de silencio y dolor se vuelven a escuchar risas infantiles por la casa.
Es fácil imaginar que tras este sorprendente episodio, Merrill retoma su vida, lejos de la granja de su hermano. Su duro trabajo allí ha prosperado; él creció al comprender que su aparente revés en el terreno deportivo le estaba reservando para asuntos más importantes. A veces, lo mejor que nos puede ocurrir en la vida -como es el caso de Merrill- es que nuestros sueños no se cumplan
El ejercicio de la conciencia atempera y suaviza los bruscos efectos de las inclemencias propias de ciertas experiencias trascendentales.

A mi juicio, en esta fábula se contienen las claves de cómo nuestras construcciones psíquicas dan forma a las edificaciones físicas que acaban repercutiendo en nuestras relaciones interpersonales.
Integrar en el ámbito del examen y la reflexión los traumáticos flujos emocionales ocasionados por las más tormentosas experiencias vitales, es un peldaño más de la escalera que conduce a una mejor comprensión de nosotros mismos. Colleen se lo recuerda a Graham cuando le pide que ‘vea’ más allá de la estética física.
Además, este análisis de una obra de ficción es una muestra de lo que se puede hacer con las experiencias propias, yendo más allá del simple envoltorio e indagando en lo que se encierra en su estructura oculta. Ésta y no otra ha sido mi propuesta: identificar y descodificar los posibles mensajes ocultos tras el fotograma, desenterrándolos y mostrándolos en su forma esencial. Espero que ello alimente el interés por observar la realidad cotidiana desde otra mirada, por hallar el significado que subyace en sueños, decisiones significativas o -simplemente- en los acontecimientos que se nos cruzan en la vida diaria.
Ese es el cometido de este relato de curación del alma, de asunción del pasado y regeneración. Una narración de fantasía que, aunque se dilata a planos mundiales para mostrar los efectos del individuo sobre el conjunto, se concreta en la granja de la familia Hess. Más aún, la trama se concentra en la casa, alegoría de la psique del protagonista, Graham.
A mi parecer, la majestad del hombre y la mujer se palpa en su predisposición para evolucionar a lomos de cada experiencia, y no a la zaga, dolorido y enrabietado. Tampoco a través de la fe. No hay evolución mediante la fe, sin comprensión intelectual de las circunstancias.
La grandeza del ser humano no está en la intelectualidad que deja boquiabierto a un atento auditorio, ni en las proezas de los místicos. No reside en caminar sobre las aguas o en ser capaz de alterar las leyes físicas. La grandeza humana radica en la capacidad de prestar atención a las necesidades de otros, y en el laborioso talento de adaptarse a cada nueva circunstancia, a cada nuevo ciclo de la vida, sabiendo extraer oportunidades de los aparentes fracasos o pérdidas. Ahí está el meollo y la paradoja: capacidad de cambiar y, al mismo tiempo, mantenerse inmutable.
O lo que es igual, reconocer que hay un tiempo para cada una de las etapas vitales, y hacer posible que cada nuevo ciclo esté bajo la vigilancia de ese centinela que es nuestra imperturbable y persistente conciencia.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ASTRONOMÍA | La pasada madrugada

Una llamarada solar afecta las comunicaciones por radio en Australia, China e India

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/03/05/ciencia/1330949699.html

Anónimo dijo...

Michael Scheuer: Israel owns the Congress
Former CIA Officer Michael Scheuer on FOX: AIPAC owns the Congress

http://www.youtube.com/watch?v=D_T1VrzdaKs&feature=player_embedded