domingo, 26 de febrero de 2012

INTERPRETANDO 'SEÑALES' (2)




Interpretando 'Señales' (1)

Puesto que en el siguiente análisis de la película ‘Señales’ se barajan conceptos que ya han sido ampliamente expuestos en otros posts, para una mejor comprensión de éste, invito al lector a que se acerque a ellos a través de los siguientes enlaces:

*Explicación sobre los 20% y los 80%
*'E.T., el Extraterrestre'
*La Guerra de los Mundos
*El Laberinto del fauno

TIO MERRILL
El Tío Merrill personifica –eventualmente- a la Conciencia (80 %) de su hermano Graham.
Puesto que el ex reverendo está completamente traumatizado, Merrill también asume ser la personificación de la Conciencia para sus dos sobrinos, responsabilidad que pertenece a Graham. Ahora bien, Graham (alma, 20 %) está en lucha con su Conciencia (80 %); su psique está disociada, y eso ha comenzado a tomar forma en la materia: mientras que Graham y sus hijos viven en la casa familiar, Tío Merrill permanece en el granero, aislado (quietud), a la espera de que el Graham-alma (movimiento) lo requiera y así, juntos, encauzar una situación que parece perdida en la tragedia.
La materialización del conflicto interno de Graham ya vimos que comenzó con la aparición del pictograma en el campo de maíz, en el monstruo que despertó a su hija Bo, y en el ataque del perro a Morgan.
Graham no comenzará a dar tomárselo en serio hasta que, en medio de la noche, en el maizal, se encuentre a unos metros de uno de los alienígenas. Ahí será cuando acepte encender la televisión y observar si lo que están viviendo ellos está ocurriendo en el resto del mundo.
Se podría decir que Tío Merrill es una especie de Pepito Grillo (80 %) que trata de religar la psique de su hermano mayor (20 %) al cosmos espiritual. Sin embargo, no está capacitado para evitar el traumático recorrido que Graham tiene que vivir. Quizás por ello, para representar las distancias que su hermano establece en su mente (hacia la Conciencia), el chico duerme en el granero y no en la casa familiar.
Por otro lado, Merrill es un joven que se sale de la norma. Sabemos que es un buen deportista y que, aunque tiene la calidad suficiente para ello, no está en la Liga Nacional de Béisbol, porque batea sin controlar su fuerza. Sin embargo, gracias a su potencia vencerá al invasor, pero únicamente lo hará cuando Graham renazca de sus cenizas y ponga en acción su propia Conciencia (80 %), de la que Merrill es su tótem.
En apariencia, el muchacho no pasa de ser el típico pueblerino frustrado, fracasado en casi todos los campos de su vida, sin fuerzas para aspirar a grandes ambiciones.
Caroline, la afable policía local de preciosos ojos azules y serena sonrisa, le reconoce el valor de su estancia en aquel hogar:
-Nunca te lo he dicho, pero venirte aquí con tu hermano después de… fue algo muy bonito.
-No creo que sea una gran ayuda –responde él. Caroline mira a Morgan y añade con seguridad catedrática:
-Sí que lo eres.
Ya comenzamos a comprender que Merrill es algo más que un simple perdedor, a veces sarcástico. Mientras Caroline le está hablando, en la pared vemos un rústico cuadro que dice, llanamente, templanza. Sí, se trata de una de las aportaciones de Merrill a su familia.
La frialdad de Graham hacia sus hijos, combinada con el consuelo que éstos sienten en Merrill, da lugar a un conflicto…
-No dejarás que nos pase nada, ¿verdad? –pregunta Morgan a su tío.
-Ni hablar –responde él. Su sobrino suspira aliviado.
-¡Ojalá fueras mi padre! –añade el niño.
-¿Qué has dicho? No vuelvas a decir algo así. Nunca –concluye inflexible, equilibrando las percepciones de Morgan y no cayendo en el error de dar por bueno tal halago.
Lo dicho, TEMPLANZA.

EL DRAMA DE GRAHAM HESS

Mientras Merrill está constantemente frente al televisor, viendo cómo en diferentes partes del mundo se está produciendo la llegada de naves extraterrestres, los niños leen el libro sobre ovnis que han comprado en la librería del pueblo, a donde llegó por casualidad.
En el libro hay una ilustración de una casa similar a la de los Hess, y una nave alienígena dispara sus rayos contra ella. Como resultado, en el jardín de la ilustración se aprecian varias figuras de humanos muertos: un adulto (que representaría a Graham) y dos niños (sus hijos); Merrill, la conciencia, el Totó de este cuento, obviamente, no aparece.
Cuando Graham ve el dibujo de la nave lanzando rayos contra la casa, y se percata de la similitud con su hogar, suena el teléfono. ¿Quién ha de ser? Sólo puede ser una persona: Ray Reddy, el hombre que causó la muerte de la esposa del predicador. El nombre Ray significa ‘rayo’, por lo que se entiende el simbolismo de los rayos que destruyen el hogar de los Hess…
Es entonces cuando vemos un primer plano del traje azul de Colleen en un maniquí, queriéndonos decir que la mamá está presente. El color del vestido nos informa de la conexión con el mundo espiritual. Una leve brisa de aire mueve la tela.
El aire, como vimos en el análisis de El Laberinto del Fauno, representa al alma:

‘La segunda cosa que se desencadena es que la niña (Ofelia) encuentra un trozo de piedra. Tiene la forma de un ojo. Concretamente, es el ojo derecho de un monolito (estatua) muy antiguo que representa a Saturno. Ofelia colocará el ojo en su sitio. Pero justo cuando toma en su mano la piedra-ojo (minuto 3:55), escuchamos una brisa de aire. Podría parecer que es un sonido sin mayor importancia. ¿De veras? Un creativo, alguien como Shyamalan (La Joven del Agua, Señales), o Guillermo Del Toro, en este caso, no deja nada al azar. El sonido del aire corriendo es un acento que –inconscientemente- pone su énfasis en que ese instante es trascendental. De hecho, el término anima, alma, significa aire, aliento, vida. Ese es un momento de contacto entre Ofelia –la niña- y la princesa. Así que ese acento es una llamada –a través de la imagen sonora- que pretende captar la atención de los ‘ojos y oídos reales’ subyacentes en los niveles más profundos del subconsciente.’

Seis meses atrás, mientras Colleen paseaba por los alrededores, Ray Reddy conducía su vehículo y -producto del cansancio- se durmió al volante, atropellando a la señora Hess.
Desde una perspectiva simbólica, la muerte de Colleen es una extrema forma de representar el ciclo de la destrucción que antecede a una nueva creación. Obviamente, el Graham más terrenal habría preferido ser galardonado por un Dios Padre al que cree haber servido, no perdiendo a su mujer en un estúpido accidente. Pero el universo espiritual de Graham -criatura evolucionaria- le ha exigido mucho más que eso. Lo ha empujado hasta el mismo abismo en que no tendrá ocasión sino de afrontar la realidad: aprender a aceptar los ritmos y ciclos de la vida es mucho más importante (y duro) que tratar de evadirlos. Se trata de un proceso de tejer y destejer, avivar con agua y exponer al fuego regenerador que todo lo transformar y enaltece. Tratar de luchar denodadamente contra esa corriente cíclica es agotador y frustrante, y sólo hay dos caminos: aceptar y superar, o rebelarse contra la vida misma.
Tras la llamada telefónica, Graham va a casa de Ray y charlan por primera vez en seis meses…
Ray Reddy, el hombre que carga con el peso de ser quien acabó con la vida de la mujer de un predicador, su predicador, se siente culpable y así se lo hace saber a Graham: siento haberte hecho cuestionar tu fe. El viudo, contenido, no muestra ira alguna.
La conversación es parte del proceso que el señor Hess tiene que afrontar para alcanzar la paz. Un proceso que se niega a aceptar a toda costa.
Será en esa casa, como no podía ser de otro modo, donde el personaje de Gibson compruebe, sin ningún género de dudas, que unos alienígenas están invadiendo el mundo. En la despensa hay uno, al que Graham tendrá ocasión de volver a ver más adelante…
De regreso a su hogar, afectado por la realidad de lo que ha vivido, nuestro protagonista se rinde ante la evidencia: la invasión es inminente. Las luces ovni se multiplican por cientos de ciudades. Son hostiles y están en fase de preataque.
Un Graham circunspecto escucha el boletín de noticias: Cientos de miles de personas han ido a templos, sinagogas e iglesias. Que Dios nos asista a todos. Se escucha el repique de campanas y tenemos un primer plano del rostro de Gibson. ¿Se habría producido la invasión de no haber perdido la fe el Padre Hess? Desde la metalógica la respuesta es clara: No.
La invasión es una manifiesta consecuencia de su crisis espiritual, eso sí, amplificada, trasladada a un escenario mundial, para recordarnos la implicación de lo local en lo global.
Ahora que la invasión es un hecho, Graham tendrá que enfrentarla interior y exteriormente. Se verá forzado –ante la negación a poner orden en su alma (20 %) atormentada- a llenar con medios puramente físicos el vacío que dejó su perdida confianza en SU universo espiritual (80 %). Pero, ¿cómo hacerlo? El presentador de las noticias dijo que Dios nos asista a todos, pero él (alma desconectada de su Conciencia, 80 %) se siente excluido. ¿No hay cielo que lo asista? No. Pues aunque lo hay en su creencia, la naturaleza del mismo está en entredicho; el amor hacia un ser supremo (que es su 80 %, la Conciencia inmaterial) se ha transformado en rabia, en odio: Dios mató cruelmente a su mujer, la esposa de un siervo de la iglesia, un ministro del Reino…
La rabia que lo envolvió seis meses atrás ha ofuscado su mente, y se llevó su confianza en el potencial inherente en la unidad con su Conciencia (80 %). Ahora se verá, cada vez más, forzado a combatir sus monstruos invasores: ira, rabia, odio, incomprensión, rebeldía.
Tras el boletín de noticias, Graham cierra las ventanas de la casa; cree que así podrá afrontar lo que se le viene encima, con sólo clavar unos maderos en ventanas y puertas. Sin embargo, la casa es un símil de su propio cuerpo y, por extensión, del de sus hijos (almas, 20 % dependientes de él), cuyos cuerpos construyó él (recordemos que Merrill vive junto a la casa familiar, en el granero). No bastará con protección física si no hay remedio, fortaleza y defensa interior.
Las temporales deficiencias espirituales de Graham quedan patentes cuando charla con su hermano Merrill, quien, como dije, realiza –eventualmente- labores de Conciencia (80 %) de toda la familia, dada la ofuscación mental del personaje interpretado por Mel Gibson:
-Habrá quien piense que es el fin del mundo –dice Merrill.
-Es cierto.
-¿Crees que podría serlo?
-Sí –responde, indiferente.
-¿Cómo puedes decir eso? –insiste perplejo ante las respuestas de su hermano.
-¿No es la respuesta que esperabas?
-¿No podrías fingir ser como eras, y darme un poco de consuelo? -Merrill parece estar realmente desconcertado.
-Hay dos tipos de personas en el mundo. Al ocurrir algo afortunado, el primer grupo cree que es algo más, algo más que suerte, más que una casualidad; creen que es una señal, la prueba de que hay alguien ahí arriba velando por ellos. El segundo grupo lo ve como pura suerte, un feliz giro del destino. Ahora mismo, el segundo grupo mira esas luces con mucho recelo; para ellos la situación está mitad y mitad; podría ser malo, podría ser bueno. Pero en el fondo sienten que, pase lo que pase, están solos, y eso los aterra. Sí, hay gente así. Pero luego hay cantidad de gente del primer grupo que cuando ven esas luces, están viendo un milagro. En el fondo sienten que, pase lo que pase, habrá alguien ahí arriba para ayudarlos, y eso los llena de esperanzas. Tienes que preguntarte qué clase de persona eres. ¿Eres de los que ve señales? ¿De los que ve milagros? -primer plano de Merrill- ¿O crees que la suerte de la gente es aleatoria? O piénsalo así: ¿Es posible que no existan las coincidencias?
Su hermano lo ha escuchado con atención y le responderá con un pensamiento convincente:
-Una vez estaba en una fiesta. Estaba en el sofá con Ronda McKinney; ahí estaba, guapísima, mirándome. Me acerqué para besarla y me di cuenta de que tenía un chicle en la boca. Así que me giré, me saqué el chicle, lo metí en un vaso de papel que había al lado del sofá, y me di la vuelta. Ronda McKinney empezó a vomitar por todo el sofá. En ese mismo segundo supe que era un milagro; podría haber estado besándola cuando vomitó y me hubiera dejado traumatizado de por vida. Quizá no me hubiera recuperado. Soy de los de los milagros, y esas luces son un milagro.
-Pues ya ves –responde un escéptico Graham. Los argumentos dados por su hermano no acaban por hacer mella en su atribulado pensamiento, y así se lo hace saber. Esta respuesta deja contrariado a Merrill, ya que advierte -contundentemente- que Graham está completamente abatido. Es entonces cuando éste expone las razones definitivas de su escepticismo:
-Nunca te he contado las últimas palabras de Colleen antes de morir. Me dijo: Ve. Los ojos se le humedecieron y luego dijo: Batea fuerte. ¿Sabes por qué lo dijo? -Merrill niega con la cabeza-. Porque las neuronas de su cerebro bullían mientras moría, y le llegó un recuerdo, al azar, de uno de tus partidos. No hay nadie -Graham es categórico- velando por nosotros, Merrill. Estamos muy solos.

Continuará…

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