lunes, 23 de enero de 2012

CRÓNICA DE ENERO (II)


23 de enero de 2012, y sigue tocando hablar del mundo arquetípico que siembra de imágenes todo a nuestro alrededor.
En la primera parte, como un recurso para observar la ceguera imperante, tomamos como ejemplo la peligrosa expansión de un nuevo movimiento religioso que es heredero de viejas fuerzas que nunca ejercieron como facilitadoras de la evolución humana. Movimiento que no se reúne en templos, sino en lugares de poder designados por viejas culturas o supuestos hermanos galácticos. Una tropa que es sistemáticamente arengada por cuatro tipos distintos (y complementarios) de sacerdotes, que hacen las veces de indiscutida y adulada autoridad ungida por el cielo:
*El pseudocientífico. Satisface las ansias propias del hombre actual (crecido en la era tecnotrónica) por medio de todo tipo de información, real o no, que es recibida como alimento divino. El creyente no dispone, mayoritariamente, de los conocimientos adecuados como para confirmar o desmentir la valía de lo que se le ha entregado. Así que, simplemente, se siente reconfortado al ver que quien, en teoría, es un disidente del sistema, generosamente se presta a iluminarle el camino.
*El político. Educado en la manipulación de masas, aprovecha la imagen paternalista que se ha creado previamente para vencer cualquier resistencia intelectual que pudiera encontrarse en sus creyentes. Es, igualmente, percibido como un disidente, alguien caído del caballo que ha encontrado la luz. Una luz que no suele ser sino una versión renovada del condescendiente, hábil y hueco discurso del que echaba mano en los días de campaña electoral, pero sin urna.
*El canalizador. Figura casi mística que regala abrazos y frases crípticas, que debe mostrar siempre un halo de majestuosidad que atraiga a sus fieles y, al mismo tiempo, les impida un trato de igual a igual. Son torrentes de verborrea que tienden a asemejarse a la imagen que el hombre moderno tiene de la divinidad, por lo que su perfil debe ser crístico y mariano, siempre según la imaginería católica, con tintes orientales y hollywoodenses.
*El periodista. Es quien certifica que la labor (e informaciones) de los anteriores pasa la criba adecuada que un mundo nuevo precisa. Puesto que no suele tratarse de un profesional realmente curtido, se limita a realizar publireportajes más propios de la propaganda nacionalcatólica. Obviamente, estamos ante el mismo perro (periodismo corporativista y/o cortesano) con distinto collar.
Estos cuatro modelos de propagación de la espiritualidad Nueva Era tienen en común su afán por hacer pasar deseos por realidades, y por que el adepto no piense por sí mismo. Venden proyectos idílicos e irrealizables que encajan perfectamente en las necesidades de sus creyentes, que buscan lo bueno, bonito y barato, en el menor tiempo posible, y sin que les suponga un esfuerzo extra. O sea, Telepizza espiritual con doble ración de aditivos perjudiciales para la salud.
Es una espiritualidad (seguro que hay un término mejor) que condensa en sí misma lo peor del ansioso y pueril hombre del siglo XXI (pereza, simplismo, credulidad, egoísmo, impaciencia, literalidad), es milenarismo en estado puro, con un marcado acento en el escapismo, sustituyendo el clásico miedo al fin del mundo por una mezcla de falsa seguridad y pedantería únicamente comprensibles en quienes se siente destinados a ser, como los hebreos, miembros de la futura teocracia post 2012.
Como dije en el post anterior, se creen la primera clase a bordo del Titanic, a veces agresivos con quienes les piden que piensen un poco, mayormente proselitistas para con quienes ellos desean que vean y gocen del amor incondicional y la razón enjaulada.

LAS IMÁGENES

He usado imágenes para compartir con los lectores mis apreciaciones. Son ricas en sustancia, y siempre útiles para explicar contenidos que, en el día a día, se nos escapan.
He querido ver en el Titanic -el naufragio más icónico de nuestra memoria- un cuento cuyas ilustraciones nos sirvan para entender, por una parte, el destino global que estamos experimentando; y por otra, enfocándome más aún en su esencia arquetípica, el dilema al que se enfrenta quien se encuentra tentado a caer en las sugerentes redes de la filosofía que acabo de describir unas líneas más arriba.
Y todo ello, mediante imágenes arquetípicas; acaso por ser la imagen el lenguaje universal que nos une a todos. Imágenes que nos rodea, y gritan que no es que algo vaya mal, sino que nada funciona como debiera. Lo que, principalmente, debiera funcionar y no lo hace, es el olfato del ser humano para evitar que se le desposea de las últimas claves que, precisamente, lo hacen humano. Puede que todavía estemos a tiempo; puede que la Vida (y la Conciencia) se abra paso y logre abatir a quienes tanto desde el materialismo puro y duro, como desde la retórica Nueva Era, buscan únicamente su beneficio, que no es el de todos.
O puede que todo esfuerzo sea inútil y estemos abocados a convertirnos, más aún, en una grotesca caricatura de lo que entendíamos por ser humano. Nadie lo sabe.
Posteriormente entraré en describir asociaciones arquetípicas entre en naufragio del Titanic y nuestro difícil tiempo, en términos globales.
Ahora, partiendo de lo psíquico, lo nuclear, me propongo tomar un cuento (Titanic, la película de 1997), para trazar el dilema de una mente que se encuentra dividida entre lo que ha heredado (una rígida y reaccionaria visión del mundo en el cual cuenta como una pieza de engranaje más), y lo que se le propone para romper (desde la Conciencia) con las ataduras que atan a su alma. Un yugo que drena las fuerzas motrices del alma hasta convertir al sujeto en una máquina sin espíritu crítico, creatividad, independencia.

EL BARCO REPRESENTA AL ALMA

Exactamente; en el contexto arquetípico, el alma (también el conjunto de almas, cuando nos vamos a lo global) se ve representada por el barco. Si el trayecto se realiza sin trágicas sorpresas, es que el alma no ha perdido la perspectiva de su objetivo vital.
Por eso, no es de extrañar que los gnósticos –expertos en este lenguaje- escondiesen en aquellos textos destinados a permanecer vigentes cientos de años después, su percepción de que la toma de Conciencia que pone coto a la distorsión mental del hombre es consecuencia directa de un esfuerzo personal, y no algo inherente a la forma en la que habitualmente miramos la vida. Nada es regalado, ni tampoco incondicional; algo que hemos olvidado.
Parémonos un instante y observemos un ejemplo (Evangelio de Mateo, 14:22), un cuento que ha de ser leído y comprendido alegóricamente, como luego se verá:

Jesús ordenó a los discípulos a subir a la barca y precederle en la otra orilla del lago, mientras él despedía a la muchedumbre. Luego, subió a un monte apartado para orar y, llegada la noche estaba allí solo. La barca se había alejado de la tierra muchos estadios, azotada por las olas, pues el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando por el mar. Al verle ellos andar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’. Y de miedo comenzaron a gritar. Pero al instante les habló Jesús, diciendo: ‘Tened confianza, soy yo. No temáis’. Tomando Pedro la palabra, dijo: ‘Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas’. Jesús dijo: ‘Ven’. Bajando de la barca, anduvo Pedro sobre las aguas y vino hacia Jesús. Pero viendo el viento fuerte, temió, y comenzando a hundirse gritó: ‘Señor, sálvame’. Al instante, Jesús le agarró y le dijo: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?’. Y subiendo a la barca se calmó el viento.

Ahora, yendo más allá del absurdo literal, apliquemos un traductor arquetípico a las imágenes del cuento. El personaje principal es Cristo, entendido como una personificación del intelecto elevado, la Conciencia, a la cual he venido denominando –simbólicamente- 80 %. Los demás actores representan diversos estados del alma (al que he venido en llamar, simbólicamente, 20 %). La barca, ya lo sabemos, representa al alma; en este caso, conjunto de ellas, pues todos los hombres que van abordo están en el mismo estado emocional, aunque el portavoz, el sujeto que en el relato expresa lo que la psique colectiva vive, es Pedro.
El mar personifica las emociones humanas que están plenamente sujetas, como por cinchas, a la dinámica colectiva del Sistema de Control (SC). Se entiende que el propósito de esta representación arquetípica pretende mostrarnos lo inconveniente de esa sujeción de las emociones al SC. Así, el azote de las olas es la virulenta manipulación a la que se somete el alma humana dependiente de los dictados de dicho sistema, aunque en nuestra vida cotidiana las olas vengan tan espaciadas unas de otras que la manipulación se muestre muy sutilmente.
Imaginemos, pues, que el relato que hemos leído es obra de un genial guionista (Billy Wilder, por ejemplo), y que su objetivo es contarnos una historia –en celuloide- que exprese mucho más de lo que los elementos físicos dicen. Quedaría una cosa así (entre paréntesis mi interpretación):

Jesús (Conciencia, 80 %) ordenó a los discípulos (Alma, 20 %) a subir a la barca (símbolo de tránsito temporal; las experiencias del alma) y precederle en la otra orilla (la actualidad, dos mil años después) del lago, mientras él despedía a la muchedumbre. Luego, subió a un monte (imagen arquetípica de cercanía al cielo) apartado para orar y, llegada la noche (‘fundido en negro’ que hace de ‘entreacto’ entre dos periodos, el de la narración y el presente) estaba allí solo. La barca se había alejado de la tierra (de la ‘orilla’ de embarque, que representa el tiempo de hace dos mil años) muchos estadios (unidad de longitud usada antiguamente por griegos y romanos), azotada por las olas (SC que enfrenta a los 20 %), pues el viento (hostiles fuerzas del SC) le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche (se corresponde con el período entre las 3 y las 6 de la madrugada, precediendo al amanecer, en este caso, alegórico) vino a ellos andando por el mar (supremacía de la Conciencia, el 80 %, sobre el SC). Al verle ellos (los 20 %, las almas) andar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’. Y de miedo comenzaron a gritar. Pero al instante les habló Jesús (Conciencia, 80 %), diciendo: ‘Tened confianza (en vuestra condición de 20 % que se complementa con el 80 %), soy yo (vuestra Conciencia). No temáis (no dejéis que este derivado del SC entre en vuestra psique y atente contra la Vida)’. Tomando Pedro (representante de las almas inmaduras) la palabra, dijo: ‘Señor (80 %), si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas (con supremacía sobre el SC)’. Jesús (80 %) dijo: ‘Ven’. Bajando de la barca, anduvo Pedro sobre las aguas (con soberanía sobre sus emociones mientras confió en su Conciencia) y vino hacia Jesús (su 80 %). Pero viendo el viento fuerte (embates del SC), temió (derivado del SC), y comenzando a hundirse gritó: ‘Señor, sálvame’. Al instante, Jesús le agarró y le dijo: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado (ausencia de confianza)?’. Y subiendo a la barca se calmó el viento. (Mt. 14:22)

Se entiende, pues, que la concepción que los gnósticos tenían de la Conciencia, al contrario de lo que dicta el buenismo de la Nueva Era, es un compendio de varios elementos: Confianza en los dictados derivados de los procesos intelectuales propios, en contraposición a los dictados provenientes de lo socialmente establecido; elevado código ético que conforma la Conciencia individual, con la que el sujeto está comprometido. (Esto último se desprende del resto de la literatura gnóstica, no de este texto concreto)
Así, el miedo que se expresa y censura en el cuento que acabamos de leer, no es aquella emoción razonable y necesaria que sentimos antes situaciones arriesgadas, ya sean éstas físicas o morales. Tampoco nos está proponiendo fe ciega en una figura mitológica o religiosa. Se trata de una invitación a romper con el miedo a pensar por uno mismo, distanciándonos de la normal social imperante en un sistema corrupto.
En síntesis, la Conciencia (80 %) prueba experimental a su alma (20 %) con el exclusivo objetivo de obtener un acople perfecto entre ambos que materialice un comportamiento ético, que es lo que personifican los ‘frutos’ en el lenguaje de estos textos clásicos.

ROSE Y JACK

La película Titanic volverá a los cines el próximo abril, conmemorando el centenario del naufragio. Se unen a esa celebración todos los barcos del mundo, que harán sonar sus sirenas al unísono a las 23:40 del día 14 de abril de 2012.

Rose Dawson tiene 100 años, y rememora su experiencia a bordo del Titanic. Embarcó cuando tenía 17 años, junto a su madre, Ruth, y su prometido, Cal, un millonario que tiene en Rose a su más preciada posesión. En efecto, Cal representará en esta trama al sujeto que le ha ido muy bien en la fiesta, rico y presuntuoso. En fin, todo un humanoide que no es nada sin sus posesiones. Ruth, sin embargo, ha de recordar a su hija que la boda prevista es la única oportunidad para no seguir descendiendo en el escalafón social en el que ambas se encuentran. Así, para Cal, la llegada a América (el arquetípico Nuevo Mundo) significa la continuidad de los planes fijados en Europa (Viejo Mundo, Sistema de Control). Pero para Rose, el embarque no es sino el principio de su cautiverio, pues no ama a su prometido. La chica vive en el mismo marco opresivo que ya describí cuando analicé El Laberinto del Fauno (ELF) y vimos lo que Guillermo del Toro quería contarnos de la pequeña Ofelia. A propósito del nombre de la protagonista de Titanic, merece la pena mencionar el cuento que, sobre una rosa azul, Ofelia (ELF) nos cuenta:

‘La rosa azul es esa oportunidad de regresar a la inmortalidad del alma, para lo cual hay que someter al alma (el 20 %, las manos que pretenden tomar la rosa inmortal) a la dura labor de descondicionamiento de la imperante cultura solar, opresora de lo femenino, de la Vida, representada en el alma, las emociones. Esto viene confirmado cuando vemos el florecimiento de la rosa a la luz de la luna (Diosa), y cuándo nos narra Ofelia que es ese florecimiento: al caer la tarde, o sea, cuando el sol se oculta.’

Por cierto, el mismo corsé social que nos narró Lars Von Trier en Melancolía, donde la protagonista era una moderna versión de la Ofelia de Hamlet.
Al mismo tiempo, en un bar del puerto, Jack ha ganado una partida al póker que le permitirá obtener un pasaje en el Titanic. Allí conocerá a Rose. Desde ese instante, la chica representará intensamente al alma (20 %) que pretende ser liberada por la Conciencia (Jack) que la complementa.
La dura experiencia que habrá de vivir se condensa en la imagen de la mariposa, que es el motivo que aparece reflejado en uno de los enseres que la anciana Rose vuelve a tener en sus manos:
Arquetípicamente, la mariposa expresa las transmutaciones del alma. William Blake dejó constancia de este significado en el siguiente dibujo, que ilustra su obra ‘For the children: the Gates of Paradise’ (1793). Podemos ver a un bebé que tiene forma de pupa, antes de convertirse en un hombre:
Desesperada por el vacío existencial al que sabe está avocada, Rose se propone cometer suicidio. Paralelamente, alejado del sofisticado ambiente de la Primera Clase, Jack, mira desde la cubierta al cielo estrellado al que, alegóricamente, representa. En ese instante, cuando Rose se dirija corriendo hacia la popa del buque, ambos se encontrarán por primera vez. Ese momento dramático manifiesta las condiciones en las que, generalmente, se produce en impacto entre alma y Conciencia, durante un estado de estrés entre fuerzas involutivas y las tendencias innatas del alma:
Jack logra convencer a Rose para que desista. Y lo logra. Sin embargo, se produce un mal entendido que coloca en un mismo plano a las dos fuerzas que pujan por el alma: Cal, propietario de Rose, que representa al propio Sistema de Control y sus fuerzas involutivas. Y Jack, que es una extensión (80 %) de la psique de la chica, el alma que ha de definir si apuesta por el inmovilismo o la evolución.
Jack es el arquetipo (veámoslo como un actor) de la Conciencia, que en textos como el Evangelio de Mateo que hemos visto, toma la forma de Cristo (veámoslo como el personaje físico, con ropajes de galileo). Él es libre, no está sujeto al Sistema de Control, y así lo expresa:
Tras diversas circunstancias, Jack tendrá la oportunidad de mostrar a Rose cómo se vive en un ambiente de mayor libertad frente a las rígidas normas sociales.
Y ella CONFIARÁ en él. El alma (Rose) CONFIARÁ en su Conciencia (Jack), pues la chica ha descubierto que, en efecto, Jack la VE a ella y VE a las personas:
Fruto de la relación de confianza que se establece entre ambos, la Conciencia coloca al alma ante el dilema: ¿Quieres, alma, seguir engañándote? O por el contrario, ¿estás dispuesta a aceptar la verdad y actuar en consecuencia?
El alma ha entrado ya, casi sin saberlo, en la espiral ascendente que conduce a su liberación. Pero no hay ascenso sin esfuerzo…
Cal, como humanoide que es, sin Vida, sin alma, sin escrúpulos, advierte que su preciada posesión puede escurrírsele entre las manos. Y le entrega el único corazón de que dispone: una piedra preciosa.
Rose está en medio de ese estrés tan útil que, sin ser percibido como tal, acaba siendo visto como una mera disyuntiva moral del sencilla solución. Es mucho más que eso: el que el Sistema de Control haya subido la apuesta por el alma de la chica es consecuencia directa del incremento del riesgo de que ésta se libere y funda con su Conciencia (Jack). Sólo por ello, Cal debe intentar comprarla sin que sea demasiado evidente el indigno concepto que de ella tiene:
Perfectamente construida, la narración no entra en su fase más dramática (el hundimiento del barco) hasta que Rose haya apostado firmemente por su complementaria Conciencia:
El vínculo entre alma y Conciencia es la confianza, la ausencia de temor, entendiéndolo en los mismos términos en los que se expresa en Mateo 14:22. Aquí Rose no camina sobre las aguas ante la llamada de su Conciencia (el Cristo), sino que simula que vuela. Es lo propio en esa década del siglo XX. Es, además, la plena identificación del alma como barco: el mascarón de proa…
El naufragio del Titanic se hace realidad. Como es de esperar, la Conciencia (Jack) salvará a Rose (alma), y la chica llegará al Nuevo Mundo, donde vivirá una vida plena, fruto de la decisión tomada en el estresante ambiente que vivió en el Titanic…
Antes, cómo no, se volverá a poner a prueba la confianza de ella en quien le ha ofrecido ser libre. Será Cal quien tiente a Rose a pensar que Jack es deshonesto. Pero ella no duda, SABE (PUES ATIENDE A LOS HECHOS, QUE NO A LAS PALABRAS) que su Conciencia no la traicionaría.
Desde ese momento, el Titanic comenzará a representar al colectivo de almas que están abordo.
Un Titanic, aparentemente insumergible, como las corporaciones que pocas décadas atrás habían empezado a emerger, siendo el monstruoso engendro que domina el siglo XXI. Es la cara benéfica y amable del progreso la que se hunde el 14 de abril de 1912, considerando el naufragio del Titanic como el verdadero comienzo del siglo XX.
Sólo dos años después, la Primera Guerra Mundial arrasaría el Viejo Mundo. Cerrada en falso, la contienda traería el ascenso de nazismo (1933) en Alemania. La Segunda Guerra Mundial otorgaría el dominio imperial a los EEUU, reinstaurando una suerte de segunda Belle Epoque que sería conocida como la exultante american way of life.
Pero, como el Sistema de Control se levanta sobre cadáveres, el poder de los humanoides aumentó hasta límites que sólo hoy podemos sospechar. Así fue por la claudicación de unas sociedades, las nuestras, demasiado entretenidas en gozar de libertad condicional y el consumo… Dejación de responsabilidades.
Próximamente, el tercero (y último) de los artículos dedicados a la conexión arquetípica entre el naufragio del Titanic y el del Concordia.
Según los pasajeros del Costa Concordia, cuando el buque impactó con las rocas se escuchaba la canción principal de la película Titanic, interpretada por Celine Dion.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se paga un precio muy alto por no vivir una falsa, por desgracia para algunos cuando quieren reaccionar y se dan cuenta de que han vivido toda su vida una mentira, muchas veces ocurre que ya es demasiado tarde por distintas circunstancias. En la mayoría de los casos llegamos al destino pero quizás con algo menos de equipaje. Tomar decisiones que en un momento concreto de la vida hacen que emprendas otro rumbo no es fácil y yo también estoy en ello, pero es importante reconocer que la mayoría de excusas que ponemos si las analizas desde un estado de serenidad entiendes que están basadas en el ego. Quien te dice que quizá en un par de años la situación no sea completamente distinta para bien o para mal, y no es bueno tomar decisiones basadas en el miedo pero también es cierto que muchas veces las cosas no son lo que parecen y mas teniendo en cuenta que la información que recibimos la preparan para un rebaño de ovejas. Según la ley de la oferta y la demanda si hubiera más productos de calidad el precio que se tendría que pagar por ellos no seria tan alto y por tanto sería más fácil encontrarlos.
Saludos.

Anónimo dijo...

Vivo en un país en el que torturan animales por diversión, legalmente, y lo llaman arte, pero te pueden meter un año en la cárcel por escribir algo políticamente incorrecto en internet. Vivo en un país donde hay millones de casas vacías deteriorándose, pero la gente malvive compartiendo piso, algunos comparten hasta la cama, hacinados en viviendas miserables, por las que pagan una barbaridad. Otros muchos viven con sus familias, en una adolescencia interminable. Vivo en un país formado por individuos sumisos, que trabajan para pagar su jaula. Además gran parte de sus ingresos se va en impuestos, que se dedican a construir infraestructuras demenciales, proyectos faraónicos, a mantener el modo de vida de unos fulanos que acumulan privilegios, y se ríen en su cara. Unos fulanos que van tan tranquilos por la calle, que no tienen nada que temer, pues los borregos no son peligrosos. Vivo en un país donde la gente es ignorante por elección, y presume de su ignorancia. Vivo en un país donde la inmensa mayoría de sus habitantes no tienen intención real de resolver los problemas, pues ellos son el problema. Vivo en un país donde a un chaval de 23 años le registran la casa y lo llevan detenido por hacer apología del terrorismo en las letras de sus canciones, aunque gran parte de la población sea fascista y ensalce el franquismo a diario, sin ningún pudor. Donde en un foro se puede ver a mucha gente jaleando la muerte de un niño de 13 años, escapando de la policía, por intentar robar una moto. Vivo en un país donde los más tontos prosperan, mientras los superdotados son marginados, empujados al suicidio en muchos casos. Algunos consiguen escapar a otro sitio. Otros muchos se hacen los tontos para sobrevivir. Vivo en un país donde las relaciones sociales están bañadas en alcohol. Vivo en un país donde te tropiezas con la miseria a cada paso, pero la gente mira a otro lado, pues son ganas de deprimirse. Prefieren mirar la televisión de su cutre sala de estar, para seguir la vida de luz y color de los ricos y famosos. Vivo en un país...
Asco, náusea, desesperación. Maldito, maldito país.
Suerte que tenemos los libros, la música, y tanta belleza en este mundo en la que refugiarnos y olvidar donde estamos.

http://consumocracia.blogspot.com/2012/01/hispanistan-reino-de-cretinos.html