miércoles, 10 de agosto de 2011

Guía para un Nuevo Milenio (8 y último)

CONSTRUYENDO
PARA EL MAÑANA
Síndrome de Estocolmo
Me temo que, inevitablemente, si queremos advertir la raíz del problema, habremos de cuestionarnos –rigurosamente- los fundamentos sobre los que estamos sosteniendo esta humanidad nuestra.
Consecuentemente, se precisa del esfuerzo individual para educarnos y educar en el conocimiento de nuestra psique, en el cultivo de una espiritualidad que se proponga trabajar a través de la mecánica cotidiana de la vida, por mejorar la convivencia.
Mientras no se hurgue en la mente que recibe, acepta y da cabida a la dimensión donde reside el mito, no descubriremos lo prescindibles que los dioses pueden llegar a ser. Si damos el paso -decisión completamente individual y voluntaria- advertiremos la presencia de nuestra ignorancia espiritual y sus complementos: fetichismo y miedo. Y habremos de reconocer que nuestras mentes son máquinas que han existido sin control propio.
Se precisa una reflexión serena para advertir que la percepción que del mundo tenemos no es fruto de un debate interno serio, sino que está mediatizada, adscrita a la doctrina de vete tú a saber quién, por mor del hábil adoctrinamiento que fluye de instituciones socialmente respetables. Habitualmente, esa adscripción no admite discusión alguna, porque como entes sociales hemos sido educados para no ser la excepción de la regla, la oveja negra, el molesto disidente de pensamiento utópico.
Alguna vez he explicado este problema con un símil ecuestre, comparando la manipulación que sufrimos con el uso de las anteojeras que fuerzan al caballo a mirar en una única dirección. Unas anteojeras que pocos critican, por miedo a la exclusión. El miedo nos domina. Se trata de un temor comprensible cuando la exclusión puede poner en peligro el pan de tus hijos. Definitivamente, las críticas al sistema se pagan caras.
Pero si queremos marcar la diferencia hay que saber hacerlo bien. Subvertir no es gritar, ni exponerse abiertamente frente a los tradicionalistas que defienden el inmovilismo y la reacción. No. Subvertir es cultivarse, hacer provechoso uso de las redes del sistema, educarse a uno mismo, maximizar el rendimiento de nuestro tiempo en vez de abandonarse. Ese sería el paso a tomar una vez que se ha aceptado que vivimos sometidos por un síndrome de Estocolmo planetario que nos impide observar la realidad sin deformaciones.
Un síndrome que nos encadena a lo rutinario y cotidiano, y que nos hace salir en defensa de aquellos otros en los que hemos depositado la responsabilidad de diseñar el mañana. ¿Un mañana para nosotros? No. Un futuro que no modifique las contradicciones actuales, y que se adapte a los intereses de unos pocos, como siempre ha sido.
Consecuentemente, la única esperanza real para un primer mundo que vive prisionero del día a día, del trabajo-vacaciones-trabajo, es la revolución interior y silenciosa, la actividad pedagógica cotidiana encaminada a superar contradicciones.
Una revolución interior y personal (a largo plazo) que ponga el dedo en la llaga y se proponga detectar qué factores de la cultura ambiental han de ser puestos en cuarentena. Vamos con unos ejemplos:
El mito, desconocido y respetado amigo, es quien desde los altares de cualquier religión, ha pisoteado a la mujer poniéndola a merced del varón. Aceptar esa estructura discriminatoria, tanto en el ámbito de las creencias y las instituciones religiosas, como en su traslación a la vida ordinaria, es un callejón sin salida, una involución.
Es posible que la feminidad despreciada, adaptada a la conveniencia del varón, sea un escenario del Sistema de Control. No un escenario más, sino uno de los más determinantes.
El primer paso hacia la libertad podría ser el reconocimiento interior de los valores que la feminidad aporta. La sensibilidad es una capacidad directamente relacionada con la feminidad, aunque sólo sea porque la masculinidad renegó de ella cuando optó por el uso de la fuerza. No obstante, esa catalogación es completamente errónea si pretendemos evolucionar.
Puede que el comportamiento masculino, tradicionalmente rudo, no sea sino la manifestación de su propia lucha interna por no aceptar la necesidad de observar el mundo a través de los ojos femeninos. Es posible que ese rol diferenciador tuviese alguna razón de ser en los siglos pasados, pero ahora debe cambiar. Por el bien de todos. Debemos dejar atrás las cavernas y aceptar una visión conjunta que equilibre nuestro sistema emocional.
De hecho, nuestras deficiencias emocionales, nuestra inmadurez, patrimonio de ambos sexos, es motor de una emotividad descontrolada que no permite que la razón dicte coherentemente. Nuestra sumisión al mito, en todas sus ramificaciones, es buena muestra de ello.
De igual modo, esa inmadurez toma forma cuando la razón no es atemperada y se agrava, convirtiéndose en iracunda destrucción.
En principio, trabajar en la comprensión de los aspectos complementarios del masculino y el femenino, es tarea necesaria que cada cual debe desarrollar sin ideas previas. Es esa parte de la evolución concienciada, interior, que ningún libro puede resolver. A lo sumo, se puede sugerir el uso de los útiles genéricos para todo crecimiento: diálogo, voluntad de aprender, etc.
(No obstante, para una mayor exposición sobre el proceso de armonización de los polos masculino y femenino, invito al lector a que se acerque a mi obra A los moradores del cielo.)
La célula familiar -como quiera que esté compuesta- es donde se establece el primer coto de la acción del mito. Por ello, es conveniente analizarla con detenimiento.
Reflexionar si la célula familiar de la que formamos parte requiere uno nuevo enfoque, podría ser otro paso. Revisar los cimientos de las relaciones interpersonales, otorgándoles un sentido real que justifique lo que la inercia social y la rutina no alcanzan a explicar. En otras palabras: argumentar el comportamiento y la naturaleza de nuestras relaciones. Determinar la conducta y las prioridades en base a algo más sólido que emular el proceder y las elecciones de los demás, es comenzar a limitar el poder del mito. Establecer el hábito del revisionismo en la vida cotidiana es tan saludable como un buen desayuno; porque, al fin y al cabo, lo que otros cultivaron en nuestra mente hasta el final de la adolescencia, por mucho amor que pusieran en ello, no tiene porqué ser garantía de certeza.
La instrucción personal supone el cuestionamiento de todo corsé adquirido cuando éramos más maleables y confiados. Controvertir los decretos, la educación, las sentencias, es un derecho al que no nos acogemos con demasiada frecuencia. Objetamos muy poco y emulamos en demasía aquello que es cómodo. Y nada hay más cómodo que prolongar la doctrina continuista de la extrema confianza en las reglas del juego de la vida.
En ese aspecto, el mito juega un papel extraordinario, cuando encadena a las personas en base a los lazos de sangre. Los apellidos describen la procedencia, pero no pueden ser un salvoconducto que tolere la coacción. El supuesto valor otorgado a la sangre no debería ser un obstáculo o una excusa en la realización de un ser humano que, contra la educación recibida, pretende romper con un destino trazado por manos ajenas. Pero incluso para reclamar ese derecho hay que educarse para no producir un sufrimiento innecesario.
¿Qué hecho catalizador se precisa para que, sin ambigüedades, emprendamos el camino sin retorno hacia la instauración de una soberanía individual, madura, plena, en todas las dimensiones en las que se manifiesta el ser humano?
Si el objetivo primordial de los complementos sobrenaturales religiosos es captar la atención del individuo fácilmente impresionable -mediante la emotividad- para que se convierta y crea en la doctrina, el segundo objetivo –compartido por la jerarquía- es lograr el control del comportamiento del adepto. En ese punto, es de vital interés que la reproducción sexual esté bajo ese control doctrinal…
Es sumamente importante que la reproducción descontrolada, como aún ocurre en los países del segundo y tercer mundo, permanezca bajo el influjo de la doctrina religiosa, para que la siguiente camada de esclavos esté garantizada.
La ausencia de planificación familiar es un instrumento por el cual se consolida el control de los amos sobre el ganado. Cuantas más criaturas haya que alimentar, menor será el tiempo que sus progenitores podrán dedicar a planificar medios de hallar libertad.
Además, alguien debe ir a morir a los conflictos bélicos, ¿no? ¡No pretenderemos que vayan los hijos de las elites!
Para que nada salga de un modo que los titiriteros considerarían equivocadamente peligroso, la doctrina religiosa debe hacer creer a la gente que los hijos son una bendición divina, y que cuantos más mejor.
El catolicismo se ha empeñado concienzudamente en esta tarea durante un buen puñado de siglos, siendo el mejor ejemplo del patriarcado misógino que ha llevado las riendas de nuestro planeta hasta el día de hoy. La encíclica Humanae Vital condena en 1968 los anticonceptivos, especialmente la píldora. Posteriormente, tanto en la Conferencia Internacional de Población (ICPD), celebrada en El Cairo en 1994, como en la IV Conferencia Mundial de la Mujer, un año después en Beijing, el Vaticano trató de dinamitar los esfuerzos por crear las normas jurídicas que permitieran a la mujer un mayor control a la hora de decidir sobre la reproducción.
El buen nacer no está en la agenda de esta gente, el buen morir menos. El último episodio que llegó a mis oídos es puramente tragicómico. En mayo de 2007, durante un concierto de rock, el cómico y músico italiano Andrea Rivera, se atrevió –qué osadía- a criticar con ironía al Vaticano por haberse negado a celebrar un funeral por el alma de Piergiorgio Welby, un enfermo terminal que durante años había solicitado la eutanasia. Finalmente, Welby fue desconectado por un médico. Su familia, muy religiosa, pidió que se oficiara un funeral, pero la iglesia le dijo que no podía ser, que Welby se había suicidado.
Las palabras del músico fueron: ‘No soporto que el Vaticano haya rechazado los funerales de Welby. No fue así en el caso de Pinochet y de Franco’.
El atrevimiento del cómico tuvo una respuesta inmediata por parte de los cuervos, que desde L’Osservatore romano, periódico vaticano, declararon: ‘Los viles ataques al Papa. También esto es terrorismo. Es terrorismo lanzar ataques a la Iglesia. Es terrorismo alimentar furores ciegos e irracionales contra quien habla siempre del amor, el amor por la vida y por el hombre’.
Yo te invito encarecidamente, amigo lector, a que le pierdas el respeto al mundo. Llegamos a él como quien se incorpora a una partida de parchís ya empezada, y creemos ignorantemente que las reglas del juego son justas. Pues no.
Cierto que la indecencia de regímenes teocráticos y totalitarios es fácilmente identificable a nuestras miradas, pero ¿qué ocurre con el correr de los días en aquellos lugares que han superado esos descarados momentos históricos? Pues, generalmente, se impone la regla del juego que nos dice que la realidad lograda no debe alterarse, que el orden no debe perturbarse. Se nos dice desde arriba (arriba es donde situamos mentalmente a los que tienen poder sobre nosotros, que estamos abajo) que las nuevas generaciones que se vayan incorporando no pueden cuestionar lo que ya está sobre el tablero de juego. No cuestionar aunque se proponga progresar, ampliar derechos, ampliar horizontes culturales. Simplemente, no cuestionar los privilegios de unos pocos, las herencias dejadas por regímenes pasados o por la ignorancia.
Que el Jefe del Estado lo es por herencia, no se cuestiona. Que el imperio de turno hace uso de nuestra nación para trasladar a ciudadanos que se les considera –injustamente- terroristas, no se cuestiona.
Que el hombre que nos representaba da apoyo a la invasión de un país que acaba desangrado, no se cuestiona; se blindan unos a otros, no se juzga a nadie, no se pide perdón aunque se hayan quedado con el trasero y las mentiras a la vista de todos. Son las reglas del juego tutelado por cerdos.
Cuando las generaciones venideras tuerzan la cabeza y miren al pasado -nuestro presente-, se partirán el culo de risa con nuestra delirante civilización. Nos imaginarán como El Planeta de los simios, torpes primates henchidos de vanidad, tratando de ocultar tras una estética impecable los gruñidos y el disparate de nuestras contradicciones y miserias. En fin, patéticos, dignos de lástima, o de cólera…
Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero el nuestro está en una fase de decrepitud alarmante, puesto que la civilizada liturgia democrática bendice sin pudor alguno la arbitraria doctrina de los maquiavelistas. En el escenario político, mientras los enemigos de nuestros poderosos aliados se convierten -mágicamente- en nuestros enemigos, los tiranos, dejan de serlo si el color del dinero es intenso: Sí, puede que el dictador de Guinea sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta… (Esto es aplicable al mundo de la conciencia, donde los psicópatas, los estafadores, los desinformadores, los quintacolumnistas de entidades subyugadoras del alma humana, campan a sus anchas sin ser expuestos.)
La realidad más evidente, la que en primera instancia debiera preocuparnos, es que el mundo está en manos de una pandilla de psicópatas. Estos enfermos mentales que gobiernan países como si se tratase de ranchos particulares, toman decisiones en función de sus intereses, de sus prejuicios, de sus aspiraciones. Y cuando uso el adjetivo posesivo sus, no me refiero sólo a los líderes que dan la cara, sino a todo el verdadero poder que se esconde tras ellos. Entre los que también se encuentran, por qué no, esos seres inmateriales de los que he estado hablando, no muy amablemente, a lo largo de este trabajo.
Los he llamado dioses de opereta, titiriteros del mito. Como tales, tienen -deben tener- vasallos que les rinden cuentas. Son ilustres siervos, favorecidos por sus señores, que no dudan en convertir nuestro mundo, insisto, nuestro mundo, en un estercolero. Ellos, delirantes hijos de El Príncipe de Maquiavelo, escriben –crudamente- la historia con sangre y mentira. Carroña que mercadea, imitando a la perfección a los dioses que le susurran al oído, con la vida que no les pertenece.
A Charles Fort intrigaba si, acaso, una primera clase de ese ganado esclavo se encarga de dirigirnos de acuerdo a determinadas ‘instrucciones recibidas y nos encaminan hacia nuestra misteriosa función.’
El trabajo sucio lo realizan esos líderes, los puercos que se mueven por el mundo que sienten como su chiquero, entre los vítores, las banderitas, los aplausos de los imbéciles. Sin ellos -que son como las cucarachas que se cuelan por una grieta- el Sistema de Control, Matrix, como quiera que se le denomine, carecería de sentido. Los vemos hurgarse la nariz en busca de mocos (George W. Bush); con agujeros en los calcetines (Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, subsecretario de Defensa de EEUU), o alcoholizados (Boris Yeltsin, presidente de Rusia), pero tras su grosería debe ocultarse un astuto ego, incontenible y glotón. Sordos ante el dolor ajeno, prestos a ser dirigidos por los instintos más cavernarios.
Habitamos un mundo donde el dinero negro, producto de la sangre de otros, es guardado en una docena de paraísos fiscales. Según el Fondo Monetario Internacional, allí se esconde, evitando pagar impuestos, una cuarta parte de la riqueza privada mundial. Se trata de la trampa de la ley, amparada por los gobiernos occidentales, que guardan silencio.
Poco hemos evolucionado si creemos que es admisible y digno de admiración que el planeta esté en manos de una pequeña oligarquía que acumula las riquezas suficientes como para acabar con la deuda de los países pobres.
El formato de un planeta dividido entre naciones desarrolladas y naciones en desarrollo o subdesarrollo, no conduce a un paradigma con posibilidades reales de equilibrarse. No. El esquema de división no es fortuito, como podría parecer, sino consecuente y compensatorio: existen países en donde el consumismo alcanza un grado tal que las necesidades son artificiales, prediseñadas para captar futuros nuevos consumidores, como consecuencia de que existen países esquilmados.
Y mientras la civilización hace malabarismos antes de hundirse en los excrementos de nuestros líderes, el tiempo corre imparable en nuestra contra, poniéndonos entre la espada y la pared.
Los tiempos parecen indicar que nos veremos obligados a echar mano de la desobediencia civil, cuando la democracia exhale su último hálito de vida; cuando los líderes y sus instituciones se opongan –ya abiertamente- al pueblo ninguneado que exigirá el cumplimiento del artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Entretanto, educación. Nada escandaliza más a los senescales de los dioses, y a los dioses mismos, que la educación. Instrucción y cultura. Ambas han de ser prácticas, espirituales, con vocación contestataria, llevadas a cabo sobre uno mismo, con paciencia. Donde la palabra espiritualidad haya sido absorbida por el término justicia. Y ya no se esperará por más salvadores. La luz nos habita.

El hogar de la esperanza
Miles de observaciones de objetos volantes, toda una tropa de contactados, abducidos, testigos de apariciones de seres celestiales, mensajes invitando a la conversión… La absurdidad planea sobre todo ello, pero el asunto es serio y merece ser tenido en cuenta.
Cualquiera podría sustraerse del tema, ignorarlo, continuar viviendo según las directrices establecidas, argumentando que todo lo anterior pertenece al ámbito de la fe, o de la fantasía.
Pero lo cierto es que el mito se incuba en nuestras psiques; es un ingrediente que da forma a lo social, dando cuerpo al paradigma global en el que vivimos más de seis mil millones de almas.
Hasta aquí la teoría que muchos otros comparten: inteligencias sobrehumanas, establecidas más allá de nuestra dimensión, están implicadas en nuestra pobre concepción de la existencia. Desde siempre han actuado sobre nuestra imaginación, nuestras creencias, ocultando su hostilidad hacia la humanidad con una eficiente maniobra, consistente en dejarse intuir y exigir irracionalidad.
Usurpadores de un lugar que no les corresponde, murmuran ambigüedades, y nos amenazan si nos atrevemos a dejar de suministrarles nuestra fe, nuestra preciosa energía. So pretexto de ser conducidos a un infierno eterno nos aterrorizan con la ira celestial. Y a eso lo llaman amor. Necesitamos respuestas y –premeditadamente- nos ofrecen confusión. Como buenos pícaros, evitan mostrarse al completo, descubriendo su grandísimo fraude. Confunden con pasmosa facilidad -proporcional a nuestra estupidez- el amor con la adoración, la creencia con la ceguera, y usan todos los recursos a su alcance para que el rebaño siga divido, enfrentándose entre sí, sumiso a ellos.
Descubrieron que el disfraz de la fantasía era la mejor manera de hacer y deshacer sin ser molestados. De ese modo se protegieron de la mirada de muchos, que no creyeron necesario analizar seriamente el impacto social del mito en nuestras vidas. Mientras andamos plenamente ocupados en lo que ocurre a ras del suelo, el mito sigue siendo parte de nuestro medio ambiente, en las nubes, sin que nadie lo toque.
Otros siguen sin atreverse a poner a las entidades religiosas en la picota. Permanecen laboriosamente entretenidos, practicando los divinos mandamientos: Me temerás sobre todas las cosas, y dormirás en el sueño mortífero de la rutina que creé para ti, consumiendo, engendrando, obedeciendo. Muchos siguen buscando los tornillos que se cayeron al platillo que se estrelló en Roswell… Este trabajo no es para ellos, demasiado ocupados en sus tareas de creyentes respetuosos. Estas conclusiones provisionales están dedicadas a quienes dudan, como yo. A quienes estén capacitados para admitir que somos esclavos; a quienes se han comprometido consigo mismo en romperse la cabeza por hallar un final a esa servidumbre. Hablamos de una tarea interna, personal, consistente en poner orden en la psique y el consiguiente comportamiento.
Recuperemos nuestra soberanía, busquemos la conciencia, filtremos lo que llega a nuestra mente, eduquémonos en la observación, rompamos con todo lo que nos condiciona. Y miremos al mito de frente, a los ojos, para preguntar por última vez: ¿Solos en el universo? Quizás la respuesta sea tan sencilla como que nos tenemos a nosotros mismos, que no sólo no es poco, sino que puede que sea suficiente. En el alma humana hay luz suficiente como para iluminar el todo cosmos.
Hagámonos bárbaros
, como dice ‘La Rebelión de los brujos’, y construyamos sobre la base de que –en efecto- la realidad nos es desconocida, y que aquello que nos han vendido es un fraude que sólo interesa a unos pocos.

7 comentarios:

Pepito Ternera dijo...

Relacciones pendientes entre Eticotaku y R.L.G.

http://www.youtube.com/watch?v=cUFEt2QKIVQ

Saquen cunclusiones, que ya se terminan los capitulos.

http://www.youtube.com/watch?v=cUFEt2QKIVQ



PD: Si tienes intención de hacer públicos estos capitulos mediante un libro, ya me avisas Tavo, que me interesa adqurirlo, para echar unas risas, en tiempos de Cr-isis...Y de paso enseñarle a mis nietos, como funciona la Nueva Era.

Anónimo dijo...

Me encanta eso de la "rancia aristocracia de la luz" gran definición donde las haya :)

Ni se imaginan lo que me anima leerlo ahora que vuelvo por estos lares "al teatrillo, acto 3º" eso, ánimo y a seguir así, CON CONCIENCIA DEL SER, a través de la VERDAD

gracias por COMPARTIR, que no me cansaré de decirlo ... es que me anima hasta para escribir un comentario y todo, (muy rarito en mi) Su blog se lleva la palma, lo estoy disfrutando de veras

salud

Tavo Jiménez dijo...

ATENCIÓN: Como no podía ser de otro modo, RLG ha respondido (en nombre del inexistente StarviewerTeam, como vimos en los primeros 5 capítulos dedicados a sus mentiras) a la exposición pública de sus poco éticas maniobras. Y lo ha hecho como anuncié: llenando el hueco de 'conciencia' dejado por los que pusieron los pies en polvorosa. Se repite, una vez más, lo que tanto NHC, MC, Dadrev, Ariel, etc, etc, ya vivieron cuando lograron salir de su vida: RLG se alimentó de sus conocimientos, usándolos para su conveniencia, adaptándolos a la medida de la involución. Por eso, no es de extrañar el cristianismo descafeinado y perverso que este sujeto divulga desde su post 'Amarás INCONDICIONALMENTE a tus enemigos: no existe otro camino' (10-8-2011). Su discurso, para quien no lo haya calado aún, es parte de una filosofía (mejor lo llamamos INGENIERÍA SOCIAL) que defiende la tolerancia a todo TIPO DE COMPORTAMIENTO PATOLÓGICO de unos humanos a los que podríamos llamar 'humanoides' (manipuladores, huecos, imitadores) hacia quienes sí que saben amar. He ahí la perversidad de lo que sale del púlpito Starviewer. Es en estos casos cuando conviene recordar aquellas otras palabras del Cristo que procuran la autoprotección del alma frente al despiadado depredador: Mt. 7:6: ‘No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen’. Estamos ante un suplantador, luego no os sorprendáis de que bajo su ropaje de cordero halléis el pelaje de un lobo...

Anónimo dijo...

Ahora está buscando nuevos acólitos que sepan escribir, jejejeje; incluso le estaba haciendo la rosca a Xuaku, aunque le faltó valor.

Cuanto rostro tiene este ser, por llamarlo de alguna manera. Y si dice que desbanea ... mentira y más mentiras, es lo que está en su vocabulario. La palabra VERDAD y AMOR todavía no han llegado a su mundo cuántico diferencial.

JOSE JAEN

Anónimo dijo...

¿Ha explicado ya algo de la desbandada de Eticotaku en su blog?¿Qué estará intentando inventar para justificarla?
¿Hará otro post lacrimógeno de otro indigente que se parezca tanto a él?
¿Los de Eticotaku también son de la CIA?

Por lo que parece, poco a poco va dejando la ciencia, para centrarse en el mesianismo... que es verdaderamente lo suyo. ¡Por fin se le ve la cara y se deja de tanto rollo científico, que se le trababa la lengua!
¡A pontificar!...

Anónimo dijo...

¡Alehops! Ya ha sacado conejito de la chistera... "Estoy ocultando los nombres de los componentes de Eticotaku para protegerlos de las amenazas....".

SúperLópez, perdón, SúperLuz en acción!!!

Tavo Jiménez de Armas dijo...

Guía para un Nuevo Milenio
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/05/capitulo-1.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/06/guia-para-un-nuevo-milenio-y-2.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/06/guia-para-un-nuevo-milenio-y-3.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/06/guia-para-un-nuevo-milenio-y-4.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/07/guia-para-un-nuevo-milenio-y-5.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/07/guia-para-un-nuevo-milenio-y-6.html
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/07/guia-para-un-nuevo-milenio-y-7.html


Guía para un Nuevo Milenio (en MP3, cortesía de Audioespai)
http://tavojimenezdearmas.blogspot.com/2011/10/audio-guia-para-nuevo-milenio.html